sábado, 29 de septiembre de 2018

La edad abandonada

Es ese momento del año en que me pongo sentimental con la preadolescencia. Yo recuerdo, entre los 9 y los 12 años, cómo era muy madura para algunas cosas y muy infantil para otras. Es una etapa muy difícil. Querés que te den más libertades, pero tampoco estás lista para tantas.

Extrañás cómo dibujabas y pintabas en prescolar, pero también querés ver novelas teen. Te gusta estar más alta y fuerte, pero te molestan los cambios en tu cuerpo que te recuerdan que estás dejando la infancia. Te gustan por igual los dos mundos, el infantil y el adolescente, pero un ratito nomás cada uno. Porque sabés que no sos parte de ninguno.

La gente no sabe cómo tratarte: algunas personas te hablan como si fueras muy pequeña, otras como si fueras más grande de lo que sos. Y a vos te gustan las dos maneras, pero te desagradan también. En verdad, vos tampoco sabés bien cómo querés que te traten.

Pese a toda esa lucha, recuerdo que ese periodo de mi vida fue la última vez en que las cosas estuvieron bien. Muy bien. Fueron momentos muy felices. Después llegó la adolescencia y me trajo su nubecita negra que se posó sobre mi cabeza, se quedó a vivir ahí y cada tanto me tira tormentas. Desde ahí no hubo vuelta atrás.

Por eso tal vez me siento tan esperanzada trabajando con niños de estas edades. Ese conflicto de madurez que se vive todos los días es fascinante pero también doloroso y necesita muchísima comprensión. Espero que con mi presencia hoy pueda aportar alguna que otra herramienta para que, cuando llegue el momento y la nube negra los persiga, ellos sí puedan espantarla.

jueves, 17 de agosto de 2017

Una de machos modernos

Chica bisexual, pansexual, homosexual, o tal vez heterosexual, pero que simplemente sos moderna, abierta y tolerante en general, atendeme. El macho progre anda utilizando la siguiente estrategia para disfrazar la cosificación que hace de tu persona:

Te pregunta alguna cosa (que no le incumbe) sobre tu vida sexual (de la que nunca será parte) y si vos (en tu justo derecho) no querés responderle, te tacha de cuadrada, de cerrada.

Te dice que no tendrías que tener problema en hablar de estas cosas si fueras tan cool. Que si realmente querés romper con los tabúes machistas tendrías que hablar abiertamente de tu vida sexual, que qué problema hay con eso. Sobre todo con él, un amigo en el que podés confiar.

No le creas. Bajo la máscara de modernillo, este neomachista lo único que quiere es morbosear con tu vida privada, convencerte de que le debés esa información y, si decidís no hablarle de algo que no es asunto suyo, echarte la culpa a vos y no a la mierda que tiene en su cabeza. Se estudió la teoría y la usará en tu contra para que nada cambie.

No digo que esté mal hablar de tu vida privada si así lo deseás, o que tu sexualidad tenga que ser un secreto. Solo digo que no tenés por qué dejar que te presionen para hablar de algo que no querés hablar. Hacé lo que quieras, siempre y cuando seas vos quien quiera, y no un machito moderno que se disfraza de buen tipo para poder seguir viéndote como objeto.

sábado, 10 de junio de 2017

Ateísmo adolescente


Hace poco escuché que alguien se refirió a un par de adolescentes como «Estos chicos, los autodenominados ateos».

Tal vez fue paranoia mía, pero sentí cierta desaprobación en su tono, que me incomodó muchísimo y me hizo pensar en dos cosas:

1. Tal vez la desaprobación que percibí venía de que los muchachos a los que se refería este adulto eran adolescentes. Tenemos una muy dañina tendencia en nuestro trato con adolescentes y niños: no los tomamos en serio. Actuamos constantemente como si las cosas que dicen no tuvieran valor, como si las decisiones que toman no tuvieran peso en sus vidas y como si sus intereses fueran algo efímero. Todo lo que dice un adolescente es tomado como una gracia propia de la edad y minimizado porque «ya se le va a pasar». Y a esto, solo tengo que decir lo siguiente:

-Los niños y adolescentes son PERSONAS. No son adultos, están creciendo, pero son personas. Como tales, merecen que demostremos respeto hacia sus opiniones y decisiones.

-Los adolescentes no son estúpidos. Muchos adultos creen que los adolescentes indefectiblemente hacen todo mal, que no saben nada, que todo lo que piensan es necesariamente incorrecto. Tal vez no tendrán desarrollada plenamente la madurez, pero eso tampoco les va a suceder mágicamente al cumplir 18. Es un proceso, diferente para cada persona. Hasta diría que a alguna gente no le sucede nunca. Hay muchas cosas que los adolescentes no saben, pero ¿acaso no somos todos ignorantes de una u otra manera? Que estén aprendiendo y creciendo no quiere decir que sean completos inútiles. Son capaces de hacer reflexiones complejas y de sacar sus propias conclusiones. Su edad no tiene, de ninguna manera, por qué descalificar sus ideas.

-La adolescencia es una etapa crucial en la formación de la personalidad. Ahí es cuando definimos gran parte de quienes somos. No deberíamos tomar tan a la ligera la identidad que forjan los adolescentes. Los años dirán con qué decisiones de la adolescencia se quedarán y cuáles dejarán, pero es necesario que tengan esa autonomía de decidir por sí mismos. Si discrepamos de lo que deciden ser, pero su decisión los hace felices y no hace daño a nadie, apoyamos y nos aguantamos el desacuerdo. Punto. No hay discusión acá.


2. La mayoría de los ateos provenimos de familias que en mayor o menor medida nos inculcaron creencias religiosas desde el día uno. Obviamente, pienso que esto está mal, que si bien hay que inculcar valores no se debe forzar la religión. Pero no lo condeno tan duramente porque sé que es algo que ocurre por costumbre, por tradición, por tener toda la estructura social acomodada para que sea mucho más fácil perpetuar la transmisión de creencias religiosas que cuestionarlas. Si nosotros no nos hubiésemos cuestionado lo que nos enseñaron o si no hubiésemos entrado en desacuerdo con el adoctrinamiento, muy probablemente seguiríamos creyendo. Entonces, digo: si no nos AUTODENOMINAMOS ateos, ¿quién nos va a denominar? ¿Hay algo malo en decidir sobre la propia fe (o falta de ella)? ¿Quién nos tiene que decir si somos o no somos ateos? Estamos en todo nuestro derecho de autodefinirnos. No hay absolutamente nada de malo en que nosotros mismos construyamos -y digamos, sin miedo y sin culpa- lo que somos.

sábado, 22 de octubre de 2016

El privilegio también es violencia


"El mensaje no debería tomarse más en serio porque lo diga un hombre". Fuente: Feminista Ilustrada.

Hace unos días que quiero quejarme sobre el tema del muchacho con el cartel que reclamaba que quería que las mujeres nos sintiéramos seguras (y que resultó tener denuncias de su ex), etcétera... Mil veces habrán visto circular la foto, así que no voy a repetir lo que ya saben. Voy a hablar de otra cosa.
Lo que me molestó desde el primer instante fue lo siguiente: parece que ya entendimos el concepto de violencia de género. Parece que ya entendimos el tema de la desigualdad. Parece que estamos entendiendo que esa dinámica opresiva está mal y está costando vidas. Todo perfecto eso. Pero lo que evidentemente no estamos entendiendo todavía es el privilegio.
Vamos a cambiar de contexto, a ver si se entiende. Imaginemos que una tribu indígena decide manifestarse para exigir, por ejemplo, una atención médica digna. Yo, paraguaya, no indígena, estoy de acuerdo con la causa y me uno a la protesta. Me apodero del micrófono y empiezo a discursear como una campeona acerca de las carencias que vive la tribu y la importancia de escuchar sus reclamos. Llamo la atención de los medios y mi cara se vuelve noticia.
Puede ser muy, pero muy noble mi intención, pero lo que estoy haciendo con eso es robarles espacio. Es opacar la voz de personas que sistemáticamente son silenciadas. Es hacer que la conversación se trate, una vez más, de mí y no de ellos.
Y algo así es lo que vi en la semana. Por todos lados fotos de hombres exigiendo seguridad para las mujeres. Quizá no tuvieron la intención de apropiarse de ese espacio ni de hacerse virales. A lo mejor parte de la culpa también está en nosotros por tomarnos más en serio los mensajes que nos manda alguien con privilegios que los mensajes de las verdaderas víctimas de opresión. Tal vez nos gusta más compartir el cartel del "tipo sensible que empatiza" que el cartel de la mujer que realmente fue víctima de violencia. Pero el abuso de privilegio, sea o no consciente, ocurrió.
Que nos sirva para hacer un poco de introspección y ver qué tanto hacemos esto en nuestro día a día. Qué tanto interrumpimos desde nuestra posición a la gente que tiene más dificultades para hacer llegar su mensaje. Qué tanto abusamos de nuestro privilegio.
Porque, por más a favor que yo esté de la causa de un sector marginalizado de la población, si no pertenezco a dicho sector, tengo que aprender a ceder espacio. Hablar menos sobre lo que yo creo que pasa. Escuchar lo que realmente sucede mediante experiencias de primera mano de la gente que sufrió lo que yo solamente me imagino. Llamar la atención de otros sobre el trabajo de estas personas, y no sobre el mío. Apreciar la lucha ajena sin apropiarme de ella.
En fin, cambiar un poco el enfoque y hacer que la conversación, que fue por siglos acerca de mí y los que son como yo, pueda ser por una vez acerca de otro.

domingo, 27 de marzo de 2016

El poder del estímulo

Hoy recordé que hace casi tres años me tocó hacer mi primera práctica docente en un colegio. Cuando contaba a qué colegio iría (lo elegí poque quedaba cerca de mi casa en ese momento), escuché toda clase de comentarios: «Uy, ¿justo ahí?», «Que todos los dioses te acompañen», «Cuidate», etcétera. Todo con cara de preocupación y hasta miedo. Pero no sé qué tanto hay que temer de los estudiantes de un colegio, así que esperé a ir ahí para ver qué pasaba.

Cuando conocí a mi profesor guía, una persona maravillosa (quizá otro día les cuente sobre él), recuerdo que me dijo antes de empezar algo como: «Estos chicos vienen en su mayoría del bajo, de familias humildes, así que tenés que adaptarte a ellos para que no te creen problemas». También me pidió que no les dé la lectura de textos como tarea, sino que los hiciera leer en clase. Teniendo en cuenta estos consejos, entré.

El grupo con el que más tiempo pasé fue el segundo año (16-17 años), aproximadamente veinticinco alumnos. Aparte de todo lo que ya me dijeron, creo que lo que más me aterraba era que fueran como fueron mis propios compañeros cuando yo estaba en la secundaria. Pero no. Vi que los estudiantes no eran los revoltosos que me habían prometido. Al menos yo no vi eso. Lo que sí percibí fue que todos sentían una perpetua vergüenza y timidez.

Pasaron las semanas. En todo ese tiempo, me divertí mucho probando distintas técnicas de lectura. Estábamos estudiando una novela y, como teníamos la indicación de leerla EN CLASE, eso hicimos. Trabajando así, buscando diferentes maneras de hacer una misma cosa, que los chicos lean, noté algo. La timidez se iba desvaneciendo.

Salvo un alumno, Roque, que me llamó mucho la atención. Todos sus compañeros lo trataban de burro y solían burlarse de él. Hablando un poco con él, supe que no tenía buenas calificaciones en ninguna materia, y pude notar que ningún profesor esperaba demasiado de él. Pero yo no entendía por qué. Nunca lo entendí.

Cada vez que yo preguntaba sobre lo que leíamos, el que daba las respuestas más lúcidas era él. El que demostraba una comprensión más profunda sobre lo que leíamos era siempre él. Entendía lo que leía y era capaz de opinar y reflexionar al respecto. ¿Cuál era el problema? No superaba la timidez. Cada vez que respondía algo, lo hacía en voz tan baja que nadie lo escuchaba. Cuando yo le pedía que repitiera, para que todos escucháramos, negaba con la cabeza y decía: «No, nada, dejá nomás», como sintiendo que lo que quería decir no era importante.

Sentía vergüenza. No quería ser ante sus compañeros «el que sabía». Si él demostraba que sabía, que entendía, yo lo sé, se habría llevado burlas ni bien yo dejara la clase. Le habrían dicho que era un creído. Me esforcé mucho por hacerle sentir que todo lo que decía era válido y creo que, para cuando terminó mi práctica, entendió que, por lo menos conmigo, podía hablar con libertad.

Lamentablemente, mi práctica duró menos de tres meses y nunca más tuve la oportunidad de volver a la docencia, al menos por ahora. Me pregunto si Roque habrá continuado buscando estímulos para seguir, o si se habrá retraído nuevamente. Realmente me habría encantado seguir trabajando con él, porque tenía un potencial tremendo que, aparentemente, nadie veía. También, admito, me habría gustado impulsar a más gente joven a que vaya por el endemoniado y profano camino de estudiar Letras en este mundo que tanto menosprecia lo cultural.

No me cayeron todas estas ideas de inmediato, repito, mi práctica fue hace casi tres años, tiempo suficiente para pensar mil veces las cosas. Lo que aprendí y quiero que siempre todo el mundo tenga en cuenta es:

  • Docentes: jamás se dejen guiar por lo que cualquier persona les pueda decir sobre cualquier grupo. Van a entrar al aula con un prejuicio que puede no ser cierto. La experiencia comienza cuando conozcan a los alumnos. No importa qué vida tengan fuera del aula todas esas personas. Si están ahí, especialmente en las etapas no obligatorias de la educación formal, es por algo. Aprovechen eso. Ah, y leer de entrada, en la clase, es lo mejor que se puede hacer.
  • Gente en general: por favor, dejen de intentar bajar al que se destaca. No es ninguna amenaza. No por entender algo más que uno significa que alguien está presumiendo. En lugar de tirarle mierda, ¿qué tal si le pedimos que comparta un poco con nosotros de eso que sabe? Nos va a hacer bien a todos.
  • Gente que cree que la docencia no vale la pena: en solo tres meses sentí que pude hacer sentir valioso a alguien que se sentía inservible, y eso me hizo sentir a mí que valgo. Sí, ¡vale la pena una y mil veces!
Y a Roque, si lo ven, díganle que no se vaya a meter a Administración solamente porque no sabe qué hacer. Que no le haga caso a nadie, porque eso no le ha servido de mucho. Díganle que le va a ir bien si desarrolla sus aptitudes. Díganle, por favor, que puede ser todo lo que él quiera.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Cuerpo en protesta (IV) - El cuerpo como reflejo de disciplina


Imagen: fondo difuminado de una persona levantando pesas. Encima, el texto «Le mostraré a todo aquél que dudó de mi capacidad para lograr grandes cosas que estaba equivocado».

Entre las razones para justificar por qué favorecemos cuerpos delgados, está la idea de la disciplina. Creemos que una persona es gorda porque se descuidó, porque no tiene la disciplina suficiente para seguir un régimen. Asumimos como hecho irrefutable que la persona obesa es perezosa. Que levante la mano quien nunca vio en algún lado una imagen de una persona obesa comiendo frente a un televisor como ejemplo cumbre de la holgazanería. Si no, que levante la mano quien nunca vio alguna imagen de gente atlética y musculosa con frases motivadoras de tinte «el que quiere, puede».

Aclaro que el ejercicio me parece algo estupendo y que no hay dudas de los miles de beneficios que tiene la salud, pero el problema es cuando se lo usa como excusa para avergonzar y humillar a otras personas y creernos superiores. Son dos caras de un mismo estereotipo. Puede ser que haya personas obesas desganadas, y puede ser que haya personas delgadas disciplinadas, pero no podemos aplicar esta generalización para cada ser humano. Porque, cuando hablamos de gente, siempre es así: no la conocemos hasta que la conocemos. Pero generalizamos porque nos es más fácil eso que tomarnos el tiempo de conocer a las personas y sus verdaderas motivaciones y frustraciones.

Y los estereotipos siempre tienen sus peligros. Algunos empleadores utilizan este prejuicio del gordo haragán abiertamente como excusa para no contratar personas obesas. Dicen que si una persona no tiene disciplina con su propio cuerpo no la tendrá en su trabajo, como si cinco minutos de ver a alguien pudieran decirte qué tan bien o mal puede hacer una tarea y qué tanto cuida su salud.

Ya sabemos que repudio completamente que en el trabajo se juzgue la apariencia (y el género, la raza, la orientación sexual, la clase social, la ideología política, la religión, etcétera) de una persona por sobre su trabajo, pero es exactamente eso lo que sucede. Más que disciplina o responsabilidad, lo único que buscan es sacarse de enfrente a la gente que no les gustaría ver en la entrevista (por este tema del ideal de belleza occidental que decía antes).

Además de la sola segregación, esta visión de que ser delgado es igual a ser disciplinado tiene una potente manera de asegurarle a la persona discriminada que esa situación es completamente culpa suya. Y en esta culpa tiene un gran papel el estereotipo del gordo perezoso: «estás así porque querés», «estás así porque no te dignás levantar el culo del sillón» (no hace falta aclarar que «así» significa «mal»); conclusiones sacadas a los cinco minutos de ver a alguien, sin siquiera haberle hablado. Conclusiones que ya ni hace falta que las saque un tercero, pues la misma víctima se apresura a culparse a sí misma para no desencajar en el mundo, que le dice que, si no puede cambiar su cuerpo para el agrado de los demás, por lo menos debe demostrar interés en hacerlo.


Por último, como aporte personal sobre la concepción de obesidad como igual a pereza: ¿mencioné que el año en que engordé tenía tres trabajos y estudiaba a la noche? Fue el momento de mi vida en que mi cuerpo llegó a su peso máximo y, coincidentemente, el momento en que más me reventé trabajando.

martes, 23 de febrero de 2016

Mi nombre y yo

Bueno, aparentemente, hay gente que cree que Yerutí es un nombre de varón. Si bien sé que soy un poco chongo, si bien sé que los nombres pueden resignifcarse, y si bien sé que la identidad la hace uno, por lo general Yerutí se usa para las nenas.
Esta es solo una de las miles de confusiones antroponímicas que pasé en la vida, pero me volvió a recordar que apoyo y promuevo que usen más nombres en guaraní, para que nos vayamos acostumbrando a escuchar esas olvidadas palabras agudas y escuchar a quienes nombran.
Sí, toda la vida te picha que la gente se ría, que piense que es un apodo, que no crea, que te haga repetir tu nombre cien veces, etcétera. Pero después te das cuenta de que soportar toda esa estupidez te queda bien, tener un nombre "no común" te queda perfecto, porque vos no sos común y no podrías serlo nunca.
También, independientemente de tu relación personal con tu paraguayidad y de que puedas o no defenderte hablando en guaraní, admito que sentís un cierto orgullo de resonar, de que tu nombre delate tu origen y tu cultura. Inclusive la grafía castellanizada delata la época en que nací y la poca importancia que se le daba (y da) a aprender ortografía guaraní.
Muchas veces quise un nombre "normal", pasar rápido cuando llamaran una lista, no tener que enseñar pronunciación ni dar explicaciones, que nadie se diera vuelta a mirarme raro cuando cantábamos "Asunción" en la escuela (ni olvido ni perdón, profe de música), que nadie se burlara o se riera, y, después de hoy, que nadie me llamara "señor". Pero, a pesar de todo eso, me gusta que mi nombre diga algo, que sea una postura política, un reclamo de identidad y una muestra de la triste diglosia. Me gusta ser una protesta andante. Me gusta que mi nombre cuente un poquito más de historia que otros nombres.
Así que, si me preguntan, sí, es un poco incómodo a veces, pero satisfactorio en general. Adelante, no tengan miedo de poner un nombre así a sus chiquillos/as, que les aseguro que se van a formar una personalidad de la gran siete.

domingo, 24 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (III) - La delgadez y la salud


—¡Doctor! ¡Fui empalada!
—Bueno, quizás te sentirías mejor si perdieras algo de peso.

3. La delgadez y la salud

Veamos: por mi estatura y mi peso, de acuerdo al cálculo de Índice de Masa Corporal (IMC), estaba en el rango de la obesidad tipo 1, y ahora estoy en el rango del sobrepeso. Admito que, cuando vi la palabra “obesidad” me austé y me propuse bajar los kilos que hicieran falta para no volver a leer esa palabra nunca más. Cuando llegué al sobrepeso, dije: “Bien, pero todavía me falta”.

Nada sabía yo de que el bendito IMC tiene varios defectos: no considera la contextura, arroja resultados bajos para gente de estatura baja y altos para gente de estatura alta, no tiene en cuenta si el peso está compuesto por grasa o por músculo y, no probó realmente que todas las famosas enfermedades “de gordo” se den con mayor frecuencia en gente “obesa”. En síntesis, no necesariamente mi salud dependía de ese resultado ni se debía a él.

De hecho, mi salud toda la vida fue bastante buena. Y, de hecho, el año en que engordé (un año antes de calcular si era o era obesa) tuve el peor estado de salud de mi vida. Por supuesto que fue tentador confundir correlación con causalidad. Tuve por única vez en la vida un leve ascenso en mi presión, me agitaba al subir a mi departamento en un segundo piso, moría de sueño todo el tiempo, no quería saber de la vida. Pero nada de esto es, al menos no directamente, consecuencia de la gordura. Mi presión subió porque todo lo que comía tenía condimentos altos en sodio, mi resistencia bajó porque la actividad física que hacía era prácticamente nula, moría de sueño porque tenía varias carencias nutricionales que no atendía, y moría de sueño porque tener dos trabajos, una práctica docente y estudiar por la noche agota a cualquiera, física y mentalmente. No querer saber de la vida se comprende y se espera en esa situación de estrés.

El sobrepeso fue una cuestión secundaria que se dio a consecuencia de mis hábitos, pero no fue precisamente la causa de mis males. Cuando empecé a atender un poco más mi alimentación y a hacer ejercicio, todos estos problemas rápidamente se resolvieron. ¿Y saben qué? No había bajado un puto gramo. Desde ahí hasta que empecé a perder peso pasaron varios meses, y mi salud estaba bien. Muchas personas te felicitan cuando adelgazás porque dicen que es algo bueno para tu salud. Y sí, cortar con las comidas procesadas y hacer ejercicio por supuesto que son cosas buenas para la salud, y es probable (no indefectible) que al hacerlo pierdas peso, pero no a todas las personas esos hábitos le hacen perder peso tan fácilmente, y aun así mejoran su salud.


En síntesis, a menos que tengas en mano todos los resultados de sus estudios, no es seguro asumir nada sobre la salud de una persona basándote solo en su apariencia.

domingo, 10 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (II) - Los aspectos del ideal delgado


Fuente: http://www.ceu.edu/event/2014-12-08/body-positivity-exhibition

2. Los aspectos del ideal delgado

Sí, la delgadez es reconocida, aquí y ahora, como una característica primordial del ideal de belleza occidental. Este ideal de belleza es famoso por excluir no solo tipos de cuerpo, sino colores de piel, cabello, ojos, estatura, manos, narices caderas, muslos y un montón de otras partes que no se parezcan a las de la mujer europea promedio. De tanto que lo vemos en todas partes, la mayoría de nosotros tiene, en mayor o menor medida, preferencias estéticas que se ajustan a este ideal. Aunque nos creamos seres únicos con intereses particulares e irrepetibles, la verdad es que muchos de nuestros gustos y preferencias nos son sutilmente metidos en la cabeza por influencia de nuestra crianza, nuestra cultura y nuestros medios. ¿Y cuál es el tipo de belleza que nos inculca nuestra crianza, nuestra cultura y nuestros medios? Ajá.

Entonces, no. La delgadez no necesariamente hace a la fealdad o la belleza de una persona. La delgadez es favorecida hoy como algo bello por la exposición intensa de cuerpos delgados. Pero, ¿por qué esta exposición? Con la abundancia de comida barata y de mala calidad, y la falta de educación en nutrición, es muy fácil alimentarse mal. La mayoría de la gente que se alimenta mal (no toda) suele ganar peso. Cuando uno no tiene la educación ni los recursos para nutrirse adecuadamente y, en consecuencia, engorda, es muy difícil perder ese peso. Cualquier persona que trató de perder peso alguna vez sabrá que es difícil. Tan difícil es, que muchas marcas nos ofrecen la solución en un batido, en una pastilla, en una máquina de jugos, en una crema reductora. A quienes venden estas cosas les conviene que engordar sea fácil y adelgazar difícil, y que nos interese el esfuerzo de adelgazar porque el objetivo estético es estar delgados.


La belleza humana es diversa, y deberíamos luchar por que esa diversidad se vea representada. Las modelos delgadas que vemos como hermosas en todos lados son hermosas, de verdad, pero es solo una forma de ser hermosa. Que otros tipos de cuerpo sean modelo a seguir para las personas no hará que las chicas naturalmente delgadas queden relegadas ni nada, solo haría un poquito de justicia.

viernes, 8 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (I) - Nadie tiene por qué darme una opinión que no pedí sobre mi cuerpo

Fuente: http://goo.gl/J7exwx

Recientemente, perdí un total de diez kilos. Mucha gente me dice que me ve más delgada, y eso no me hace sentir para nada bien. En esta pequeña serie de cuatro partes, voy a explicar por qué. Imagino que habrá mucha gente que se sentirá identificada, al menos en parte, pero voy a exponer una perspectiva muy personal, por lo que mis vivencias no necesariamente reflejan las vivencias de otras personas en esta situación.

1. Nadie tiene por qué darme una opinión que no pedí sobre mi cuerpo

No puedo soportar que las personas asuman que está bien comentar sobre el cuerpo ajeno sin pedir permiso. No hay diferencia para mí entre la amiga que te dice que estás flaca y el desconocido que te elogia el culo cada vez que pasás frente a él en la esquina. Yo sé que las intenciones son buenas, pero las intenciones no siempre tienen el resultado esperado. No estoy de acuerdo con que “flaca” sea un cumplido.

En la pubertad, de un día para el otro, tomé conciencia de mi cuerpo y tomé la conclusión de que ese cuerpo era feo, que yo era fea. Desde los doce años siento que mi cuerpo no es adecuado: no tiene el tamaño adecuado, la forma adecuada, la piel adecuada. Y no estoy sola, casi cualquier mujer puede decir algo similar. Si bien al pasar los años una aprende a aceptar ciertas cosas, la verdad es que muchas mujeres nos sentimos incómodas y molestas por tener el cuerpo que tenemos por el resto de la vida. Y esto sucede a veces incluso después de hacer todo lo que creemos que tenemos que hacer para no odiarnos. Seguimos odiándonos después de bajar los kilos que nos propusimos, después de marcar músculo, después del tratamiento para el acné, después del alisado de cabello, después de la cirugía.

Para una persona que sufrió por años tratando de disimular que tiene un cuerpo, no es agradable escuchar que la gente se da cuenta de la existencia de su cuerpo. Y no es agradable escucharlo en el tono en que lo dicen, con alegría, con ánimo, sin dejar ninguna duda de que están contentos porque ahora tenga este nuevo cuerpo más lindo que el de antes. Porque ese cuerpo de antes seguía siendo yo, y es una mierda escuchar que la gente, sin ningún problema, te dice que antes no valía la pena mirarte o notar tu existencia y ahora sí.

Porque no puedo saber qué otra persona pueda estar sintiendo lo mismo, yo decidí no volver a hacer jamás ningún comentario sobre el cuerpo de nadie si no me lo piden ni me dan permiso. Decidí pensar en esto que antes hacía sin pensar. Y me alegrará si leer esto hace que alguien más reflexione sobre lo que daba por hecho (el derecho de opinar sobre el cuerpo ajeno) y tome una decisión.

domingo, 14 de junio de 2015

Feminismo y humor (II)


Acabo de leer un chiste de mierda. Resumiendo, iba de lo siguiente: una pareja hombre-mujer estaba en la cama con toda la onda, hasta que la chica le dice que ya no tiene ganas, que él no se conecta con sus necesidades emocionales como mujer. Entonces, al día siguiente, el tipo la lleva de compras y le dice que agarrara todo lo que quisiera. Faltando una persona en la fila para pagar, le dice que ya no tiene ganas de comprarle todo eso, que ella no se conecta con sus necesidades financieras como hombre.

Me dio mucha rabia el chiste en sí, pero creo que el disparador de mi ira fueron los comentarios de hombres en el mismo plan: "Jajaja, es así, para que vean lo que se siente".

No voy a hablar del viejísimo concepto de que la mujer debe ser mantenida económicamente por el hombre, que ya lo conocemos todos y creo que lo entendemos. Voy a hablar del otro concepto del cual se habla muy poco: que los hombres tienen derecho al sexo (para el cual tienen que estar siempre disponibles) y que las mujeres se lo debemos a los hombres.
Este concepto que tenemos de nuestros roles sexuales (el hombre permanentemente complacido, la mujer permanentemente complaciente) nos hace perder la noción de la realidad. Este chiste me obligó a listar cuestiones más realistas y respetuosas de los derechos y sentimientos de las personas:

-Las mujeres no le debemos sexo a nadie, por más amables que sean con nosotras.
-Los hombres no tienen derecho al sexo como recompensa por sus "buenas acciones", y no tienen que "portarse bien" solo por una futura recompensa, sino porque somos todos seres humanos, maldita sea.
-Tanto mujeres como hombres tenemos derecho a dar consentimiento y a retirarlo. Podemos cambiar nuestra opinión sobre continuar o no un acto sexual y tenemos derecho a que estas decisiones sean respetadas.
-Tanto mujeres como hombres somos susceptibles de que el cuerpo "no nos responda" (falta de lubricación, falta de erección, nervios, miedo), y ninguno está obligado a seguir si no es lo que desea.

Podría seguir, pero básicamente esto es lo que más se ajusta al chiste mencionado al principio.

Al machismo le encantaría afirmar que me estoy volviendo una amargada para validar sus estereotipos. Sigo teniendo sentido del humor, gracias, pero ya no me dan risa los chistes baratos basados en la opresión y en la completa ignorancia de la mitad de la población.

viernes, 1 de mayo de 2015

Omisión de la diversidad en el ámbito empresarial

Fuente de la imagen: rosebfischer.com

Me hace sentir tan mal que tantas personas "exitosas" o "emprendedoras" compartan cosas que encajan siempre con el perfil de "católico-nacionalista-de derecha", y sean aplaudidos por la gente. Son completamente libres de pensar de esta manera y compartirlo si así lo desean, solo que hacen ver que el único tipo de persona exitosa que hay es la persona católica-nacionalista-de derecha. Y no es así.

Yo sé que hay, y conozco incluso, a empresarios, emprendedores, gerentes de empresas, y exitosos varios, que no encajan en este perfil, pero que no dicen nada al respecto por miedo a perder clientes o prestigio ante un público prejuicioso.

El problema no es con esta gente que comparte su forma de pensar, sino con la gente diferente que no lo hace. Es muy agotador ver que todas las personas "respetadas" sean iguales, y no ver nadie como uno con quien identificarse, en quien inspirarse y a quien tomar como modelo.

Yo quiero verme representada, quiero que la gente vea que no existe una única forma de ser "buena persona". Quiero que estas personas dejen de intentar protegerse y que aprovechen sus puestos de influencia para demostrarle al público que se puede ser diferente y "buena persona" al mismo tiempo. Que abran el camino a otras personas más jóvenes para que no tengan miedo a perder sus trabajos o emprender algo por ser quienes son. Que no sientan que tienen que mentirle a la sociedad para ser algo en la vida.

Algo que aprendí del paraguayo promedio es que puede no tener idea de lo que es la diversidad, pero un día se le da la oportunidad de hablar cinco minutos con alguien diferente y su perspectiva cambia. Nuestra sociedad tiene mucho que aprender, y es muy capaz de aprender, y las personas con más poder e influencia tienen la obligación de empujar las barreras tanto como las que tienen que batallar desde abajo. Al principio cuesta, pero la recompensa de un ambiente más respetuoso después vale la pena, completamente.

domingo, 15 de febrero de 2015

Guía básica para la menstruación

Así como en los colegios enseñan sobre métodos anticonceptivos y prevención de infecciones de transmisión sexual (con sus grandes falencias, que mencionaré tal vez en otro artículo), deberían enseñar sobre la menstruación.

Por lo menos para la mayoría de las mujeres que conozco, la experiencia fue similar: pasar la infancia más o menos ignorante del hecho de la menstruación, tenerla, asombrarse/asustarse, ir corriendo a pedir explicaciones a la madre. Tenemos entendido que la madre es la que enseña a la hija lo que hay que hacer cuando empieza a menstruar.

Pero las madres pueden equivocarse a veces, o pueden estar mal informadas y transmitir a sus hijas esa información incorrecta. No digo que padres y madres dejen de hablar de estas cosas con sus hijos e hijas: es importantísimo que lo hagan. Pero sí digo que las escuelas no pueden ignorar algo que inevitablemente afecta o afectará a la mitad de su cuerpo de estudiantes.

No puede ser que en pleno siglo XXI haya aún mujeres adultas que piensen que no deben lavarse la cabeza, que no conozcan las distintas opciones para contener su flujo y mitigar el dolor o, peor aún, que hayan pasado su infancia sin saber que la menstruación ocurriría. Así que a continuación haré un resumen con los temas básicos que me gustaría se enseñaran en las casas y escuelas.

El mito del lavado de cabeza
Esto creo que es solo una creencia paraguaya, que afortunadamente no existe en otros lugares (al menos que yo sepa). Como toda creencia popular, cambia de versión según quién te la cuente, pero va más o menos así: se recomienda a las chicas no lavarse la cabeza durante su periodo -algunas dicen que solo los primeros tres días, otras todo el periodo, no está establecido por cuánto tiempo- porque alegan que eso trae consecuencias, que, según lo que escuché, también varían: desde el dolor (que sí puede ser, más abajo comento sobre las bajas temperaturas) hasta la locura y la esterilidad. Aclaremos que no hay relación alguna entre la higiene capilar, la menstruación, la salud mental y la fertilidad. Lávense cuantas veces deseen. Si hace frío y deciden lavarse, usen el secador y abríguense.

Opciones de higiene para contener el flujo
Veo que este campo es un completo misterio para muchas mujeres, que conocen una o dos opciones. La realidad es que hay una interesante variedad:

1. Las toallitas higiénicas



Son unas almohadillas que se adhieren a la ropa interior y absorben el flujo. Vienen en distintas formas, grosores y tamaños, de acuerdo a las necesidades de cada persona. Algunos modelos tienen alas, que ayudan a mantener las toallitas en su lugar. Ventajas: son fáciles de usar, no invasivas (nada que insertar), no hay riesgo de intoxicación. Desventajas: son propensas al desbordamiento, el flujo se esparce por toda la vulva y pueden moverse de su lugar.

2. Toallitas reutilizables

Se utilizan de la misma manera que las toallitas desechables y poseen las mismas ventajas, salvo que se pueden lavar y reutilizar. Ventajas adicionales: menor contaminación ambiental debido a la reducción de desechos, se pueden hacer en casa (con los diseños y colores que queramos), son muchísimo menos costosas. Desventajas: quizás no son la opción más recomendable para la noche, el posparto y los flujos muy intensos.

3. Tampones




Son unos cilindros de material absorbente que se insertan en el canal vaginal y absorben el flujo. Poseen un hilo para poder tirar de él y retirarlo. Vienen en varios tamaños para utilizarlos de acuerdo a la intensidad del flujo. Ventajas: mantienen limpia la vulva, ya que el flujo se absorbe dentro del cuerpo; el riesgo de desbordamiento es nulo o ínfimo; son muy cómodos para prácticar deportes; no se mueven de su lugar. Desventajas: presentan riesgo de intoxicación, que se puede evitar tomando medidas de seguridad (lavarse las manos antes de manipularlos, no tener puesto el mismo tampón por más de ocho horas, conservar los tampones en su envoltorio antes de usarlos); el impacto ambiental es muy grande, ya que los tampones desechados no suelen ser biodegradables.
Aclaración importante: ni los tampones ni otras opciones "insertables" afectan la virginidad. Si no te enseñaron a usar tampones miedo a que dejes de ser una virgen princesita, comentales, por favor, que los tampones no tienen nada que ver. 

4. Copa menstrual



Es una copa de silicona que se introduce en el canal vaginal y contiene el flujo. Al llenarse la copa, se vacía y se lava para insertarla nuevamente. Se puede tener hasta por doce horas. Posee las mismas ventajas de comodidad e higiene que los tampones, con el plus de que es reutilizable y reduce el impacto ambiental al no generar desechos. Desventajas: es difícil (o imposible) cambiarlas en lugares públicos, por lo cual no es la mejor opción para mujeres que pasan mucho tiempo fuera de sus casas.

5. Tampones lavables y esponjas



Estas son opciones menos comunes. Los tampones lavables son tampones hechos por lo general en croché de tela suave y que pueden ser lavados y reutilizados. Y las esponjas son básicamente eso: esponjas (por lo general esponjas marinas) que se insertan en el canal vaginal para absorber el flujo. Son poco prácticas para las personas que pasan mucho tiempo fuera de casa, pero son opciones económicas que merecen ser conocidas por aquellas mujeres que sientan que estas opciones las pueden ayudar.

Opinión: tengo la certeza de que las opciones aumentarán y se harán más eficientes a medida que avance el tiempo. La ciencia encontrará más y mejores opciones.

Opciones para aliviar el dolor
El dolor menstrual ocurre porque el útero se contrae para expulsar el flujo. Estas contracciones pueden producir espasmos abdominales y liberan sustancias llamadas prostaglandinas que producen dolor. A pesar de que las contracciones son naturales e inevitables, y el dolor afecta a algunas más que otras, hay algunos trucos que pueden ayudar a aliviar los dolores:

1. Ejercicio: la actividad física libera endorfinas, que nos hacen sentir bien y disminuye la sensación de dolor. No hay límites para los tipos de ejercicio que se pueden hacer durante el periodo: desde natación hasta inclusive sexo (sobre esto escribiré tal vez en otra ocasión), todo es posible. Pero es recomendable, no solo para la menstruación sino para la salud en general, mantenerse activa regularmente. El estar en buen estado físico nos hace menos propensas a los dolores menstruales, aparte de muchos otros beneficios para la salud.

2. Evitar las bajas temperaturas: las abuelas siempre nos hablaban de "la frialdad", y no era en vano. El frío contrae los vasos sanguíneos y hace que el dolor se acumule en una sola área. Subiendo la temperatura, los vasos sanguíneos se dilatan y el dolor se disipa. Para mantener el calor, un gran alivio son las bolsas de agua caliente sobre el vientre o sobre la parte baja de la espalda. También ayuda evitar el frío en general: no sentarse sobre superficies frías, abrigarse, no permanecer mucho tiempo en lugares con aire acondicionado. Las bebidas calientes ayudan, pero hay que escogerlas con cuidado, porque...

3. Se debe cortar con la cafeína: sabemos que el chocolate es nuestro gran compañero, pero sus contenidos de cafeína pueden perjudicarnos. Hay que moderar el consumo de café, té, mate, gaseosas cafeinadas, chocolate, y todo lo que contenga cafeína. Esta sustancia puede contraer los vasos sanguíneos, además de aumentar los niveles de estrés que pueden hacer de los días previos al periodo una pesadilla. Si necesitás una bebida caliente, recomiendo que pruebes té de manzanilla, frambuesa u otras hierbas que no contengan cafeína. Algunas hierbas con propiedades diuréticas pueden también ayudar con la retención de líquidos.

4. Ibuprofeno y otros antinflamatorios: no es necesario que el producto diga "fem" en su publicidad (dirigir solo a mujeres como algo especial las drogas genéricas es un truco para vendernos cosas), la droga genérica puede ayudar a aliviar los dolores. Es importante consultar con un médico sobre las cantidades que se pueden ingerir y sobre las alternativas si las drogas no funcionan.

5. Yoga: los estiramientos enfocados en la región pélvica y lumbar estimulan la circulación en dichas áreas y alivian los dolores. Además, los ejercicios de respiración oxigenan y relajan el cuerpo. Si decidís hacer yoga, conversá con alguien calificado que te pueda ayudar con lo que mejor funcione para tu cuerpo. La práctica regular de yoga otorga más beneficios que hacerlo solo durante el periodo.

Consideraciones importantes
Buscá la ayuda de un médico si:
  • Sangrás demasiado o por más tiempo de lo normal
  • Sangrás demasiado poco, por menos tiempo de lo normal, o si hay ausencia de periodo
  • Probaste todo para disminuir el dolor, pero no funciona
  • Tenés fiebre o vómitos
  • Estás embarazada (o creés que podrías estarlo) y tenés sangrado
Es importante que conozcas tus opciones a la hora de contener el flujo o lidiar con el dolor: no te quedes con lo que te enseñó tu madre (o abuela, o quien te haya instruido en esto). Preguntá, investigá, decidí. Tu periodo es solo tuyo y solo vos sabés lo que funciona. Aunque termines eligiendo las opciones más comunes, que sea porque realmente considerás que son las mejores para vos, y no solo "porque así te enseñaron".

Informate e informá a otras personas, no solo mujeres. Si los hombres se informan más van a poder eliminar muchos prejuicios (¿a alguien le suena la "histérica" que "está en sus días"?) y van a poder ayudar a las mujeres de su entorno (sí o sí tienen madres, hermanas, novias, amigas). Hablar de la menstruación y de cómo nos afecta nos va a ayudar a comprender mejor cómo funciona y cómo podemos integrarla mejor a nuestra vida cotidiana.

Fuentes:

-8 Ideas for Menstrual Cramp Relief | Everyday health: http://www.everydayhealth.com/womens-health/ideas-for-menstrual-cramp-relief.aspx

-Making the Switch to Reusable Menstrual Products | Natural Parents http://naturalparentsnetwork.com/reusable-menstrual-products/

-The Effects of Caffeine on a Woman's Menstrual Cycle | Livestrong http://www.livestrong.com/article/96768-effects-caffeine-womans-menstrual-cycle/

domingo, 31 de agosto de 2014

A mis amigas de flujo intenso


Después de años, volví a tener un accidente menstrual  y solo puedo decir una cosa: mis amigas de flujo intenso, que tienen que soportar esto todos los meses y para quienes estos accidentes son una realidad muy común, SON UNAS HEROÍNAS.

Hace unos años, hablaba en defensa de la menstruación, posición que sigo manteniendo, pero que me toca reconocer que es privilegiada. Pertenezco a un grupo afortunado de mujeres que tienen flujo leve y que no sufren dolores intensos durante la menstruación, y por eso puedo pegarme el tremendo lujo de decir que me gusta, que lo amo, que lo defiendo, etcétera.

Admito que no puedo ponerme cien por ciento en el lugar de otras mujeres al no vivir en carne propia la pesadilla que ellas viven mes a mes. Pero lo intento, y cada vez que me duela o que me ocurra un accidente voy a seguir pensando en lo poco necesario que es para mí todo esto.

Es verdad que me gusta conectarme con mi "esencia femenina" cuando menstrúo, pero mi útero y yo sabemos perfectamente que nunca vamos a producir. Lo ideal sería cortar con el sinsentido del ciclo menstrual de una vez por todas, pero por el momento no hay alternativas. Por el momento tenemos que aguantar la sangre, los dolores y los cambios involuntarios de humor. Pero tengo esperanza en que esto se hará maś simple en el futuro. No sé, digo.

domingo, 6 de julio de 2014

Feminismo y humor (I)

Convengamos que la mayoría de las formas de humor pueden resultar ofensivas en algún momento a cierto grupo de personas. Estas formas de humor, por lo general, siguen la norma implícita de "si yo hago una broma que se burla de un grupo social al que pertenezco, está bien". La mayoría de las comunidades discriminadas parecen guiarse por esta norma sin ofenderse. La ofensa llega solo cuando alguien de afuera hace el chiste.

Convengamos también que tenemos que saber reírnos de nosotros mismos. Y que a las personas feministas (en especial a las mujeres), esto nos cuesta bastante. Pero ¿por qué?

Todo esto viene a colación por lo que sigue. En el marco de la Copa del Mundo, en algún lugar de la red, me encontré con el siguiente chiste referente a la popularidad que ha tenido el futbolista argentino Ezequiel Lavezzi entre el público femenino (para gustos, colores. En fin.):




Percibo unos cuantos puntos de los cuales quiero hablar a partir de este chiste. 

Primero, y antes de echarle barro a todo esto, puedo decir que las mujeres podríamos empezar por no pagar con la misma moneda de ahora en adelante para fomentar una sociedad respetuosa de todos y todas.

Pero... ¿estamos pagando con la misma moneda realmente? Es un caso en que las mujeres expresan admiración (o baboseo, o guarrada también, si se quiere), y el mundo de cristal de muchos hombres se complica y se espanta cuando ve que hay mujeres que alzan su propia voz. Es para babosear, es cierto (es que los hombres jamás han usado su voz para babosear, ¡nunca!), pero se alza la voz para emitir una opinión que es de una y de nadie más.

Así como un adolescente que empieza a tener autonomía sobre su cuerpo abusa de ello al principio con un peinado alocado, tatuajes, vestimenta llamativa, etc.; puede que a las mujeres de voz incipiente se nos vaya un poco la mano con esta nueva voz sin darnos cuenta. Como cuando una amiga, en lugar de emitir una opinión favorable sobre un hombre atractivo, se sale un poco de control y se le escapa una guasada. Puede pasar. Mientras tanto, el hombre ha tenido voz propia por siglos, en los que no ha hecho el menor esfuerzo para controlar sus guasadas, sino que las sigue diciendo sin culpa.

Es aquí, en la guasada, donde no hay punto de comparación. La guasada es una falta de respeto, venga de quien venga y vaya a quien vaya, sin duda alguna. Pero hay una diferencia abismal entre este chiste y la cosificación que sufre el cuerpo de la mujer en realidad.

El hombre nace y es criado para pensar que tiene abiertas todas las oportunidades de éxito (académico, profesional, económico, etc.), y, si se lo compara con una mujer, definitivamente las tiene. Si una mujer lo encuentra atractivo, es solo un éxito más en su vida. Mientras tanto, la mujer crece pensando que el único éxito que puede conseguir en la vida es ser atractiva para los hombres.

El piropo de la mujer al hombre solo le da más poder a este, mientras que el piropo del hombre a la mujer es algo que ella supuestamente tiene que agradecer porque es el único objetivo en su vida. Nuestra cultura tiene esto bien metido en la cabeza, tanto que nos quiere hacer creer que es natural que el hombre nazca con poder y que la mujer nunca pueda ganárselo por sí misma, sino mediante el favor del hombre.


Por todo esto, me cuesta reírme de los chistes que se burlan del feminismo, en especial cuando son hechos por hombres que todavía ven al feminismo como una lucha que las mujeres hacemos solas, que todavía piensan que el privilegio que ellos tienen es algo que las mujeres tenemos que ganar y no algo que ellos deban ceder. Me molestan los chistes que se burlan del feminismo porque reducen a un chiste los abusos y la desigualdad que, de verdad, sin joda, estamos sufriendo las mujeres en todo el mundo.

Veo un chiste como "golpear a un princeso no te hace más mujer", y no puedo evitar pensar en las mujeres que de verdad están siendo golpeadas. Se resbalan por la raya del culo al mismo tiempo dos cosas: la violencia que ocurre contra las mujeres (porque a quién le importa que una mujer quede hecha polvo o muerta, era solo una mujer) y la violencia que ocurre contra los hombres (reforzando la idea de que los machos se tienen que aguantar todo y el que denuncia es un maricón).

Recordemos que minimizar así estos problemas sociales afecta a todas las personas. Y seré nomás la típica "feminista amargada", porque el machismo, lamentablemente, sigue amargando la vida de un montón de gente.