martes, 22 de febrero de 2011

Días lluviosos

Pareciera que no me gusta la lluvia, por eso me quejo tanto. Podría parecer, ¿por qué no?, que me gusta demasiado, y por eso la menciono tanto. En realidad, el tiempo no tiene mucho que ver con las acciones perjudiciales de la gente: de todas maneras, las llevan a cabo. Pero llaman mi atención (y mi indignación) dos actos particulares que son tan frecuentes, tan "tradicionales," tan comunes, que son repetidos infinitamente e ignorados, como si fuesen correctos. Ambos actos tienen relación con la lluvia, así que en este muy tormentoso verano han sido practicados en exceso.


El primero de estos actos es previo a la lluvia. Supongo que para los sucios que lo realizan, transcurre más o menos así: deciden empezar cuando sienten ese viento fresco, cuando ven que el cielo se vuelve más y más negro, minutos antes de que caigan las primeras gotas de lluvia. "Aprovechan," piensan ellos, que caerá agua. Y empiezan. En el patio, si la casa es grande; en un terreno desolado, si no, juntan los desechos y los ponen a quemar. Una sucia hoguera en donde arde la basura que cualquier ciudadano normal enviaría al vertedero, en un camión recolector, servicio por el que se paga una ínfima suma. Pero esta gente no quiere recurrir a ese servicio. Prefiere elevar un negro y sucio humo que se revela ante el servicio municipal.


El segundo acto ocurre durante la lluvia y, algunas veces, después (si el volumen de agua es lo suficientemente elevado). Consiste en lo siguiente: cuando se junta agua en los bordes de las aceras, las "pulcras" personas que barren sus veredas juntan con la escoba toda la basura que fue arrojada en las calles (por gente también muy "pulcra") y la arrojan meticulosamente en los orificios que hace allí el precario sistema pluvial. No se salvan los arroyos, que son tachos de basura en lugar de ser fuentes de agua potable.


Convengamos que el servicio municipal no es precisamente el mejor, ni el más eficiente. También está claro que el tratamiento de los desechos luego de ser recogidos no es el ideal. Pero no es excusa para perpetuar el hecho de que vivamos en un basurero. Y más allá de que a mis ojos les molesten la apariencia de sus porquerías tiradas, es algo que tienen que tener en cuenta por todos, hasta por ellos mismos, no por mí. El humo que sale de su basura quemada es altamente tóxico, pone en riesgo la salud de todo el mundo y no ayuda en nada a controlar la polución. Esas torrentes de agua trancadas con sus residuos se contaminan, y no nos sirven a nosotros ni a nadie, sin mencionar que juegan un papel importante en las inundaciones de las calles cada vez que llueve.


Después son ellos los primeros en culpar a los gobernantes por las consecuencias de su propia negligencia. Sí, quizá tenga culpa el gobierno en no educar mejor a la gente, en no ponerles tachos de basura en cada esquina para que no tiren las cosas por ahí, en no dar servicio de recolección de basura gratuito... pero todo eso no justifica un carajo. Podemos sin problemas responsabilizarnos por nuestros errores y dejar de culpar al gobierno por todo, especialmente cuando demostramos que no somos mejores que los gobernantes.


Aparte, sin importar que busquemos lavarnos las manos mediante peleas humanas, no debemos olvidar que si no respetamos a la naturaleza, llegará el día en que la naturaleza no nos respetará. Eso sí, yo no quiero que la querida naturaleza me pase por encima por culpa de otros.

domingo, 6 de febrero de 2011

Locos sueltos

Ayer estuve cumpliendo con unas, por decirlo, diligencias, en el casco antiguo de Asunción. Recuerdo haber visto a través de la ventanilla del bus un hombre que trotaba. Pero no era cualquier persona trotando, era uno de esos "corredores locos." Son unos contados casos de personas que sufren de algún tipo de trastorno mental que los conduce a ejercitarse. Recorren el mismo trayecto todos los días, haga frío o calor. Es lo único a lo que dedican sus vidas. Viven de la caridad de las personas que les dan comida y ropa, duermen en plazas o quién sabe dónde.

Unas horas después, vi a una mujer vestida como una excéntrica, con un pedazo de tela turquesa a modo de turbante, revisando los pocos tachos de basura en busca de comida. Terminamos cruzándonos en la panadería Michael Bock, donde le regalaron un par de masas dulces. Era también una mujer con algún trastorno mental que vagaba por la ciudad y vivía de la caridad de la gente.

Entonces, recordé a otra persona, un hombre vestido con trapos sucios y rotos, que vagaba por la zona exhibiendo sus genitales y, supongo, viviendo también de la caridad de la gente.

La gente simplemente ignora a estas personas. Hacen que sus hijos aparten la mirada, para que no vean lo que no cubren los harapos que estos "locos" visten. Algunos les dan comida, para que no mueran, y ropa en el invierno, por lástima. Pero la reacción es normalmente actuar como si no estuvieran allí. Y ya nadie se sorprende, es normal ver "locos sueltos."

Hablando con la gente, se concluye que estas personas se escapan del Hospital Neuropsiquiátrico, que es donde está internada esa gente cuyos trastornos mentales no les permiten integrarse con éxito en el estilo de vida de nuestra sociedad. Las instalaciones de ese lugar, según se dice, son precarias y su seguridad, inexistente.

Los internados fácilmente pueden salir de ahí y dirigirse a cualquier lado. Sinceramente, no escuché ningún caso de algún "loco suelto" que haya dañado a alguien, pero es algo que puede suceder. También puede pasar que una persona sin escrúpulos se aproveche y dañe a estos escapados.

Me imagino que muchas de estas personas tendrán algún núcleo familiar. Aun así, están desamparados. Conociendo la mentalidad retrógrada de gran parte de la población, no dudo que podrían pensar que la "locura" es alguna maldición demoníaca de la cual se tienen que deshacer, por lo que deciden simplemente abandonar al loco de la familia y olvidar que alguna vez fue su pariente.

Estas personas conforman un grupo invisible de la sociedad. Una vez admitidos en el "manicomio", nadie se hace cargo de controlar su situación. Una vez escapados del Neuropsiquiátrico, nadie los busca y mucho menos los devuelve. Ellos corren peligro viviendo así, y no se descarta la posibilidad de que puedan causar daños. Pero para el gobierno no importan, absolutamente nadie propone soluciones para este problema, incluso aunque no vayan a implementarlas. Su invisibilidad es tal que son tratados como si al adquirir su trastorno hubiesen perdido su dignidad humana.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cuidado con el clima

Ayer, en pleno viaje de bus, se desató de nuevo una de esas tormentas subtropicales. El conductor tenía que hacer varias maniobras cada vez que paraba debido a que la gente no se podía bajar porque en los costados de las calles había una cantidad de agua que jamás en mi vida he visto antes.


Era imposible saltar sobre esos mini-ríos, que eran muy altos. Una persona promedio se habría mojado hasta cerca de las rodillas si se hubiese metido en uno. Fue sorprendente. Me pregunté si estaba lloviendo demasiado o si el sistema pluvial estaba colapsado (aclaremos que "sistema pluvial" es solo una figura, en realidad no existe tal cosa en esta ciudad ni en el resto del país).


Hoy tuve que hacer una caminata que (más allá de la natural incomodidad que causa caminar en este clima cálido y en extremo húmedo, con el cielo nublado, como sucede siempre después de una tormenta subtropical), supuse, se vería dificultada en un tramo particular del trayecto porque esa zona se inunda completamente cada vez que llueve.

Y fui por ese camino, un poco con intención de recorrerlo normalmente, un poco con intención de comprobar personalmente si estaba o no inundado. Me sorprendió ver que no. Tenía tan solo barro y algunos charcos, lo que indicaba que en realidad no llovió demasiado. Entonces resolví que el problema era el sistema pluvial.


Es curioso ver que en regiones donde el clima es frío, las construcciones y las personas están preparadas para el frío; en regiones con nieve, lo están para la nieve; en regiones áridas, lo están para el calor seco, y así en prácticamente todas las zonas climáticas. Sin embargo, Paraguay, cuyo clima es conocido de memoria por quienes lo habitan, no está preparado.


Todos sabemos que aquí los veranos duran casi 9 meses y es más fresco pasar el día en la hoguera que en la calle, que el invierno es breve. que nunca se sabe cuándo va a llover pero sí se sabe que cada vez que la lluvia cae lo hace con furia... y aun así no nos anticipamos al clima.


¿Es algo que sucede solo con los fenómenos atmosféricos? ¿Es un rasgo característico de nuestra cultura el no ser precavidos, no solo con respecto al clima sino con respecto a todo? ¿Por qué no se actúa al respecto, cuándo tendremos una solución? Y... sobre todo, ¿seguiré hablando de estas cosas con la gente que desee escucharme o debo tomar el control del país y arreglar las cosas por la fuerza?



Obs.: la última pregunta es solo broma, siempre vale aclarar. Pero sí seguiré reflexionando sobre estas cuestiones. Quizá llegue a alguna conclusión (o algunas conclusiones) coherente.

domingo, 9 de enero de 2011

Odiseas diarias

La manera en que gran parte de la población paraguaya consigue moverse de un lugar a otro es viajando en bus. No es que sea el medio más económico, el más cómodo o el más eficiente: es el único medio. Y moverse en bus es una experiencia plagada de tormentos, que me ha tocado vivir.

Para empezar, tengamos en cuenta la locación: Asunción y alrededores, Paraguay. El casco antiguo de la ciudad de Asunción está dedicado mayormente a albergar oficinas de empresas privadas y de entidades públicas, por lo que no hay muchas viviendas particulares allí. De hecho, la mayor parte de la gente que trabaja en estas oficinas habita en las ciudades aledañas (Lambaré, Mariano R. Alonso, Luque, Fernando de la Mora, entre otras) o en rincones de la misma Asunción que quedan a una distancia considerable del susodicho casco antiguo.

Ahora, consideremos la situación laboral de la mayoría de los trabajadores de estas entidades. Multitud de personas que sobreviven con el dichoso salario mínimo legal vigente (en raros casos, más; muchas veces, inclusive menos), que deben presentarse en las oficinas alrededor de las 8 de la mañana (sepan, lectores y lectoras, que en entidades privadas es categórico el descuento del salario por llegadas tardías).

Tenemos en total tres factores que convergen (el bus como exclusiva posibilidad de transporte, la distancia entre la vivienda y el lugar de trabajo y la prisa por llegar puntualmente) y que generan una situación de caos, caracterizada por embotellamientos en absolutamente todas las vías de entrada a la ciudad capital y las angostísimas calles del casco antiguo colapsadas.

Pero volvamos la vista lentamente al viaje en bus propiamente dicho. La persona que vaya a realizarlo tiene que saber muchas cosas. La primera de todas es la anticipación: no importa que a las 3 de la tarde y en auto un viaje al centro tome menos de media hora. Hay que tomar el bus como mínimo dos horas antes de la hora en la que pretendemos llegar a destino. O sea que si mi horario de entrada es a las 8, tengo que estar de pie a las 5, aproximadamente, y estar esperando el bus a las 6 a más tardar. ¿Por qué? Porque los buses dan vueltas innecesarias en lugar de tomar calles más directas y porque NO cumplen horarios. Si hoy tomé un bus a las 6.15, es probable que mañana no pase ninguno a esa hora. Sin mencionar que la frecuencia con la que pasan es trágica: cada media hora, cada veinte minutos, cada tres horas... imposible saber con exactitud. Además, el lugar por el que pasa el bus queda relativamente distante de la casa, y para agarrar un bus habrá que caminar, atravesando charcos, barro, piedras, polvo, tierra... en fin, lo que toque (particularmente, lo tuve que hacer en tacones). Quizá se asome un bus que te lleve, pero pasará la parada de largo, y habrá que esperar que otros tres buses por lo menos hagan lo mismo hasta que finalmente uno, en el que todavía entra un poco de aire, se detenga y podamos abordarlo.

¿Calidad del viaje? Nula. A menos que subas al bus en su mismo punto de partida, viajarás de pie. Es más, de tan repleto que está el bus, probablemente tengas que colgarte de las puertas, arriesgando tu vida por llegar a tiempo a trabajar. Embarazadas, gente con capacidades diferentes, ancianos o cualquiera que necesite con más urgencia un asiento, ni piense conseguirlo, que tome el bus a otra hora. También hay que saber que el bus no tiene aire acondicionado en verano ni calefacción en invierno, que probablemente se le caigan trozos mientras marcha, que es un vehículo que fue utilizado y desechado en un país en el que cumplió con su vida útil hace muchos años y que no respeta las disposiciones de seguridad que supuestamente impone la ley. Habrá que respetar el gusto musical del chofer, quien nos impodrá la música que nos acompañará durante todo el trayecto a menos que nos atrevamos a llevar nuestro propio reproductor con auriculares correspondientes. En cada semáforo con luz roja, las frenadas serán bruscas, y cada esquina que haya que doblar nos colocará a 45 grados con respecto al suelo.

Otros riesgos: todo tipo de hedores corporales de los demás viajeros, recibir golpes o cortaduras, sofocarse, que alguna persona indispuesta vomite, que un chistoso que va parado detrás de vos decida frotar su zona pélvica contra tus nalgas, que una de las aparentemente inocentes personas que comparten el trayecto con nosotros resulte ser delincuente y aproveche la confusión de la multitud para despojar al maltratado pasajero de su dinero u objetos de valor que duramente consiguió con el trabajo al que se dirige en ese bus-chatarra. Esto como guía básica, hay muchos riesgos menos frecuentes pero no por eso improbables que correremos en el bus y no están mencionados aquí.

Para mucha gente, no existe la opción de acortar distancias y ahorrar tiempo tomando varios buses, pues esto implicaría gastar mucho dinero (si, pese a las aterrorizantes condiciones del viaje, los pasajes en bus tienen un precio bastante alto, del que no se puede escapar porque es la única manera de viajar para quienes no tienen lo suficiente para comprarse un coche o motocicleta. El taxi costaría un salario mínimo en una semana, más o menos) para ir a trabajar y conseguir el dinero que paga el pasaje en bus que nos lleva a trabajar: un círculo vicioso del que se escapa solo contrayendo deudas, obteniendo un ascenso o con décadas de ahorro. Las dos últimas opciones son para mucha gente sueños tan inalcanzables como poder volar, por lo que entran a otro círculo vicioso, el de las deudas, del cual no me ocuparé en este artículo.

El viaje que intenté describir en rasgos generales dura más de una hora. Hay que multiplicar esto por la cantidad de días que debamos viajar así. El resultado que obtenemos es: estrés, impotencia y frustración en cantidades desmedidas. Todo esto debe sumarse, en muchos casos, a la ausencia de desayuno (con toda esta presión mucha gente no tiene tiempo de desayunar), lo que ocasiona aun más estrés, impotencia y frustración.

Y por poco, casi, estamos cerca de decir que todo está perdido. Pero no, todavía tenemos de nuestro lado el poder de las manifestaciones, para la gente que tiene tiempo de salir y quejarse (un gobierno presionado por un pueblo agobiado quizá tarde o temprano escuche y actúe). Para los de agenda más apretada, una opción sería intentar contactar gente que viva cerca de nuestros hogares, que trabaje también en el centro y viajar en grupo en auto, colaborando entre todos para cubrir los gastos del combustible. Es necesario utilizar los buses lo menos posible para que los indiferentes propietarios de empresas de transporte noten que en esas condiciones no pueden seguir sustentando su negocio y se vean obligados a mejorar.

Con que el gobierno algún día nos otorgue medios como trenes, tranvías u otros, por el momento no contemos. Pero podemos trabajar para que alguna vez llegue al poder gente que sí implemente estas mejoras. No es imposible. Tal vez ni siquiera vivamos demasiado tiempo para ver estos progresos, pero no por eso debemos quedarnos de brazos cruzados y condenar a las siguientes generaciones a que perpetúen esta miseria. Todo es cuestión de darnos cuenta de que estamos siendo burlados y que esto sí se puede cambiar.

Sin aludir a ninguna ideología política y sin ser una soñadora irracional, YO digo que: estoy harta y creo posible el fin de esta situación. ¿Alguien se me une?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cuitas y risas de la bisexualidad

Lo cierto es que la bisexualidad es invisible. Ni heteros ni gays se acuerdan de mencionarla en sus discursos, tanto «pro» como «anti.» Pero esta orientación, lectoras y lectores, existe. Tiene su mundo, su vida, sus cuitas y sus risas.

En un entorno homofóbico, una persona bisexual es simplemente confundida por heterosexual, a menos que se declare, por supuesto. En un ambiente respetuoso, de todas formas toca a veces lidiar con que la idea de la bisexualidad a alguna gente no le quepa en la cabeza.

A veces, las personas bisexuales pecamos de decir "mentiritas blancas" o, mejor dicho, ocultamiento, cuando de disimular se trate. Es fácil hacerse pasar por hetero cuando en serio te gustan las personas del sexo opuesto. Tus opiniones son sinceras... solo que no le decís a nadie que también te gustan personas de tu mismo sexo. Esto ciertamente NO es lo ideal, pero una o dos veces se hizo.

Ser bisexual es fácil y es difícil al mismo tiempo. Hay que lidiar con mucho. Pero una de las más grandes luchas es la que se tiene entre lo que se vive al ocultar y lo que se vive al salir del closet. En el segundo caso, se oyen un montón de cosas que solo hacen que a una se le pongan los nervios de punta. He aquí el catálogo de las frases «bifóbicas» que, a lo largo de mi breve vida afuera, me ha tocado escuchar:
  • "Seguro solo estás confundida. Tenés que reflexionar y ver si te gustan los hombres o si te gustan las mujeres. No te pueden gustar las dos cosas." (Impresionante capacidad de ponerse en el lugar de uno como para decir qué le gusta y qué no)
  • "Sí, pero... ¿Te gustan más los hombres o las muejres?" (Si bien muchas personas bisexuales muestran cierta preferencia hacia los hombres o hacia las mujeres, no todas ellas la presentan. En todo caso, nadie está obligado a elegir esto, y mucho menos a dar explicaciones)
  • "¿Y tu novio/a sabe?" (Tema muy complicado. Personalmente, creo necesario poner todas las cartas sobre la mesa antes de involucrarse en una relación. Si me acepta, bien. Si no, no me merece. El novio o la novia es alguien muy importante, y debe conocer estas cuestiones básicas sobre mí. De todos modos, esta pregunta es incómoda porque se involucra con mi vida privada... como todas las preguntas que te hacen una vez que se enteran o les comentás sobre tu orientación sexual)
  • "¿Tenés novio o novia?" (Claro, es que una persona bisexual tiene a su disposición más gente y DEBE estar en una relación)
  • "Pero vos tenés mucho sexo" (es que la gente bisexual es promiscua y todo el tiempo está garchando con quien sea... o con lo que sea)
  • "Nos abandonás, sos una lesbiana arrepentida" (mis enojadas amigas lesbianas, aquella vez que tuve novio y les conté. Definitivamente no entendieron la parte de "bi")
  • La peor de todas, la que me da ganas de arrojar dentro de una olla con aceite hirviendo a quien la diga: "¿Te interesaría participar en un trío?" (De nuevo a la creencia de que toda persona bisexual es necesariamente promiscua. Tríos es lo mínimo que se puede esperar, los bisexuales follan con todo y son más degenerados que cualquiera)

No voy a decir que comprender a una persona bisexual es complicado o sencillo. Como seres humanos, cada uno tiene su propia personalidad y expresa su (bi)sexualidad a su propio modo. Pero sí voy a decir que la bisexualidad está rodeada de una enorme multitud de mitos y creencias falsas que hacen daño tanto a la persona bisexual como a la sociedad en general. Por eso, hagamos visible a la bisexualidad, démosla a conocer. Es necesario que el mundo sepa de ella y le dé un espacio dentro de la gran diversidad de la población humana.

viernes, 15 de octubre de 2010

Cháke la tatu!*

De cierto modo, me fascina el miedo que se tiene a la vagina. El miedo de que una mujer haga lo que se le ocurra, que haga lo que antaño solo hacían los hombres, que se destaque y que supere a los varones. Me fascina porque es curioso estudiar este miedo, este irracional e infundado miedo, que se manifiesta mediante la limitación de la mujer. Antes de ahondar, quiero pedir disculpas a toda la gente que pueda leerme por referirme a la mujer como vagina (mi excusa, aunque no válida, es que quiero llamar la atención desde el título), pues es verdad que somos mucho más que partes de nuestro cuerpo.

¿Somos más que partes de nuestros cuerpos? Porque para gran cantidad de gente, la mujer se resume en: senos, nalgas, vagina (partiendo de la utilidad sexual); comida, limpieza, crianza de hijos (partiendo de la utilidad doméstica) y.... no, no hay más ámbitos en los cuales se pueda incluir a una mujer. Esto es limitación.

Dirán que mi queja está gastada, que siempre digo lo mismo, que la mujer hoy día ocupa cualquier ámbito imaginable... y más vale que ocupe cualquier ámbito, con igualdad de condiciones ante los hombres, pero también más vale que diga siempre lo mismo, porque a pesar de todos los logros, todavía quedan trechos largos por recorrer. Por esto, mi queja no está gastada en lo absoluto. Y en cuanto a la mujer ocupando cualquier ámbito, quería hacer una consideración: es aquí donde se siguen viendo las sutiles diferencias: un ejemplo es la mujer que trabaja en una oficina. Por lo general, tiene que ir vestida con «ropa de oficina,» que no es solo ropa. Incluye maquillaje, zapatos altos y una cartera incómoda en la que guarda las miles de cosas que necesitará durante el día. Esta ropa generalmente no es muy confortable de usar, el maquillaje hace perder tiempo, la cartera es bastante complicada de llevar, y los tacos revientan los pies de dolor y los deforman. Con todo, la mujer tiene que parecer una muñeca o una portada de revista en todo momento. Ya no disimula la incomodidad, se acostumbra a ella. En el peor de los casos, la mujer viene con la idea muy profunfamente implantada de que es así como deben ser las cosas, por lo que ni siquiera ya necesita acostumbrarse a la incomodidad, porque es algo obligatorio. Y siempre, o casi siempre, la mujer tiene alguna dificultad que el hombre no tiene. Esto, señoras y señores, es limitación.

En el mundo del delito, es considerable y es irónica la justicia que son capaces de aplicar los ladrones. Para ellos, todas las víctimas son iguales... o al menos eso pensaba yo. No sé si en serio los delincuentes se aprovechan, o si todo solo está en la mente de la sociedad. Pero una mujer que sale de noche, o que sale sola, o que sale de noche y sola, es blanco directo. ¿Por qué? Porque es mujer, simplemente por eso. Nos obligan a las mujeres a vivir con miedo, a llenarnos de compañía, a pasar momentos desagradables con tal de no arriesgar nuestras vidas, y eso es limitación.

Bueno, creo que queda claro cómo se limita a la mujer, cómo se le impide desenvolverse en un 100%. Esto es culpa de la gente, de nadie más, por supuesto. Pero es alarmante qué sector de la sociedad es el que origina esta situación: ¡las mismas mujeres! Así de raro como suena: son las mujeres quienes se reprimen a sí mismas y reprimen a las demás.

Por supuesto, no todas las mujeres, pero una gran mayoría.

Desde chiquitas, muchas niñas son instruidas por sus madres en labores domésticas, lo cual no está de más saber para nadie. El problema con esto es que son instruidas no solo en las labores, sino que son instruidas en estas labores mientras sus hermanos mayores meriendan viendo la tele... una merienda que su hermanita preparó. El hombre, por ser hombre, no ayuda en lo más mínimo con tareas del hogar, y por lo general se la pasa relajándose... descansa de tanto descansar. Pasan los años, en los cuales la nena tiene toda la carga del trabajo doméstico, sin ayuda de su hermano o cualquier otro varón (porque los hombres no hacen esas cosas) y sin ayuda de su madre (que ya hizo lo suyo en su infancia, por lo que ahora se entrega al chisme y a las telenovelas mientras su hija limpia). Y tiene que combinar todo eso con el estudio, porque ahora las nenas van a la escuela.

Y pobres de ellas si sacan malas notas. Eso automáticamente quiere decir que están pensando en muchachos, y que por eso no se concentran en el estudio. Lo cual, obviamente, es muy mal visto. Solo los varones pueden desear mujeres y hacer su deseo público mediante soeces «piropos» para la primera que se le cruce. Se espera que la mujer sea recatada y mantenga perfil bajo. Si no es así, las demás mujeres de inmediato le darán la espalda y se referirán a ella como puta, buscona, y un largo etcétera.

Al salir, si es que sale, una mujer debe regresar temprano. Un hombre puede llegar cuando se le antoje (él siempre sale), porque es hombre, tan solo por eso. Pero la mujer, nunca. Si llega tarde, se puede esperar un gran sermón por parte de toda la casa, pero sobre todo por parte de las mujeres que en ella habiten.

Al hablar de planes para la vida. El plan para la mujer debe ser casarse, tener hijos/as y educarlos/as de la misma manera en que su familia fue educada.

Esta sumisión de la mujer por parte de la misma mujer se ve acompañada de una desmedida protección del hombre. Normal es que una madre le prepare un jugo a su hijo y una escoba a su hija. Un profesor de historia que tuve en el colegio una vez comentó que esta actitud tan injusta surgió tras la guerra del 70 (Guerra contra la Triple Alianza para paraguayos, Guerra del Paraguay para el resto del mundo): la población quedó diezmada, pero más aun la población masculina. Los pocos varones que quedaron eran necesarios para poblar de nuevo el país, por lo que las mujeres evitaban que los mismos se esforzaran demasiado y los llenaban de cuidados cuando estaban en casa.

Y el país se pobló. Rápidamente. Los hombres abundaron y crecieron fuertes. Pero esa idea de evitar que se esfuercen demasiado, de hacer todo por ellos y dejarlos que hagan solamente lo que quieran, quedó. No solo quedó, se contagió un poquito a la mente masculina. Pero sigue más fuerte siempre en la mente de las mujeres, quienes se reprimen unas a otras y se reprimen hasta a sí mismas.

Afortunadamente, crecer así no fue mi caso, y es quizá por eso que me di cuenta de que a mi alrededor se hacían las cosas de otro modo, de un modo que no puedo aceptar. Por suerte, yo sí crecí rodeada de mentes con horizontes más amplios. Por suerte, crecí en un ambiente en el cual no me limitaron.


*Frase del guaraní que significa «cuidado con la vagina.»

sábado, 2 de octubre de 2010

Condenada familia

Prestá muchísima atención, porque probablemente tu familia esté condenada. Sí, así como lo escuchás, tu familia puede estar encaminándose directo al infierno. Tu familia puede no ser una familia realmente. Tu familia puede ser la causa de la putrefacción de la sociedad, y vos ni enterado/a. Pero no te alarmes, te explico.

Yo vivo en un mundo bastante diverso, con gente bastante diversa, con familias bastante diversas. Pero hace poquito me enteré de que eso está mal, que no debe ser así, que la diversidad es inaceptable.

¿Quién me enseñó tal cosa? Pues una amable organización de adorables fundamentalistas religiosos. Me abrieron los ojos, me dijeron que la única forma de familia aceptable es "mamá, papá, hijo/a." No importa que el papá sea un alochólico abusivo que maltrate a su esposa y sus hijos, son una familia. No importa que la madre no tenga más posibilidad de realización que ver sin manchas una camisa blanca, son una familia. No importa que la opinión del hijo o hija no sea tenida en cuenta por nadie, son una familia.

Esto significa que cerca del 90% de la población está viviendo en el error. Sí, porque la mayor parte de la población no cumple con los requisitos de familia. Miles de personas han crecido solamente con sus madres, porque sus padres se borraron del mapa antes de que nacieran. Este común caso de una mujer que crió a una persona o más con doble o triple trabajo, sin ayuda... resulta que está mal porque Dios no lo planeó así.

Están también aquellos grupos que alguna vez fueron familias hechas y derechas, pero que fueron diezmadas. Ya sea por la situación económica, que obligó a un miembro o más de la misma a emigrar para trabajar y enviar unos pocos euritos (que acá llegan como caídos del cielo); ya sea porque uno o más de sus miembros falleció; ya no son familias.

¿Quién integra este grupo de rebeldes,? se preguntarán ustedes. Es una organización lavadora de cerebros llamada "Queremos papá y mamá." Este grupo defiende la familia y la vida. La familia y la vida que ellos consideran correcta, por supuesto. Nada de querer celebrar una familia que no se ciña a sus rígidos preceptos. No importa cuánto ames a tu familia, si no entra en la definición de esta gente, no es familia.

Esta organización, junto con otro grupo que defiende la educación de sus hijos e hijas, está empecinada en que la educación sexual es demasiado inmoral para sus pequeños pimpollitos. Es preferible que en la adolescencia sigan proliferando los embarazos no planeados, el contagio de enfermedades de transmisión sexual y la absoluta falta de información. ¿Adolescentes no heterosexuales? Pueden olvidarse de recibir algún tipo de orientación.

Ahora que ya saben quiénes son, se preguntarán: ¿cómo reconozco a esta gente? Es fácil, lavan cerebros en la calle, intentarán a toda costa hacerte firmar un papel sin que lo leas, se jactan de ser cristianos/as intachables... ah, y utilizan un brazalete color naranja, que venden. ¿O acaso pensabas que no iban a aprovechar esta ola de fundamentalismo para forrarse los bolsillos con billetes?

Si es que creías que la familia es el círculo de afectividades y confianza que te rodea, podrías necesitar replantearte este concepto.