miércoles, 9 de marzo de 2016

Cuerpo en protesta (IV) - El cuerpo como reflejo de disciplina


Imagen: fondo difuminado de una persona levantando pesas. Encima, el texto «Le mostraré a todo aquél que dudó de mi capacidad para lograr grandes cosas que estaba equivocado».

Entre las razones para justificar por qué favorecemos cuerpos delgados, está la idea de la disciplina. Creemos que una persona es gorda porque se descuidó, porque no tiene la disciplina suficiente para seguir un régimen. Asumimos como hecho irrefutable que la persona obesa es perezosa. Que levante la mano quien nunca vio en algún lado una imagen de una persona obesa comiendo frente a un televisor como ejemplo cumbre de la holgazanería. Si no, que levante la mano quien nunca vio alguna imagen de gente atlética y musculosa con frases motivadoras de tinte «el que quiere, puede».

Aclaro que el ejercicio me parece algo estupendo y que no hay dudas de los miles de beneficios que tiene la salud, pero el problema es cuando se lo usa como excusa para avergonzar y humillar a otras personas y creernos superiores. Son dos caras de un mismo estereotipo. Puede ser que haya personas obesas desganadas, y puede ser que haya personas delgadas disciplinadas, pero no podemos aplicar esta generalización para cada ser humano. Porque, cuando hablamos de gente, siempre es así: no la conocemos hasta que la conocemos. Pero generalizamos porque nos es más fácil eso que tomarnos el tiempo de conocer a las personas y sus verdaderas motivaciones y frustraciones.

Y los estereotipos siempre tienen sus peligros. Algunos empleadores utilizan este prejuicio del gordo haragán abiertamente como excusa para no contratar personas obesas. Dicen que si una persona no tiene disciplina con su propio cuerpo no la tendrá en su trabajo, como si cinco minutos de ver a alguien pudieran decirte qué tan bien o mal puede hacer una tarea y qué tanto cuida su salud.

Ya sabemos que repudio completamente que en el trabajo se juzgue la apariencia (y el género, la raza, la orientación sexual, la clase social, la ideología política, la religión, etcétera) de una persona por sobre su trabajo, pero es exactamente eso lo que sucede. Más que disciplina o responsabilidad, lo único que buscan es sacarse de enfrente a la gente que no les gustaría ver en la entrevista (por este tema del ideal de belleza occidental que decía antes).

Además de la sola segregación, esta visión de que ser delgado es igual a ser disciplinado tiene una potente manera de asegurarle a la persona discriminada que esa situación es completamente culpa suya. Y en esta culpa tiene un gran papel el estereotipo del gordo perezoso: «estás así porque querés», «estás así porque no te dignás levantar el culo del sillón» (no hace falta aclarar que «así» significa «mal»); conclusiones sacadas a los cinco minutos de ver a alguien, sin siquiera haberle hablado. Conclusiones que ya ni hace falta que las saque un tercero, pues la misma víctima se apresura a culparse a sí misma para no desencajar en el mundo, que le dice que, si no puede cambiar su cuerpo para el agrado de los demás, por lo menos debe demostrar interés en hacerlo.


Por último, como aporte personal sobre la concepción de obesidad como igual a pereza: ¿mencioné que el año en que engordé tenía tres trabajos y estudiaba a la noche? Fue el momento de mi vida en que mi cuerpo llegó a su peso máximo y, coincidentemente, el momento en que más me reventé trabajando.

martes, 23 de febrero de 2016

Mi nombre y yo

Bueno, aparentemente, hay gente que cree que Yerutí es un nombre de varón. Si bien sé que soy un poco chongo, si bien sé que los nombres pueden resignifcarse, y si bien sé que la identidad la hace uno, por lo general Yerutí se usa para las nenas.
Esta es solo una de las miles de confusiones antroponímicas que pasé en la vida, pero me volvió a recordar que apoyo y promuevo que usen más nombres en guaraní, para que nos vayamos acostumbrando a escuchar esas olvidadas palabras agudas y escuchar a quienes nombran.
Sí, toda la vida te picha que la gente se ría, que piense que es un apodo, que no crea, que te haga repetir tu nombre cien veces, etcétera. Pero después te das cuenta de que soportar toda esa estupidez te queda bien, tener un nombre "no común" te queda perfecto, porque vos no sos común y no podrías serlo nunca.
También, independientemente de tu relación personal con tu paraguayidad y de que puedas o no defenderte hablando en guaraní, admito que sentís un cierto orgullo de resonar, de que tu nombre delate tu origen y tu cultura. Inclusive la grafía castellanizada delata la época en que nací y la poca importancia que se le daba (y da) a aprender ortografía guaraní.
Muchas veces quise un nombre "normal", pasar rápido cuando llamaran una lista, no tener que enseñar pronunciación ni dar explicaciones, que nadie se diera vuelta a mirarme raro cuando cantábamos "Asunción" en la escuela (ni olvido ni perdón, profe de música), que nadie se burlara o se riera, y, después de hoy, que nadie me llamara "señor". Pero, a pesar de todo eso, me gusta que mi nombre diga algo, que sea una postura política, un reclamo de identidad y una muestra de la triste diglosia. Me gusta ser una protesta andante. Me gusta que mi nombre cuente un poquito más de historia que otros nombres.
Así que, si me preguntan, sí, es un poco incómodo a veces, pero satisfactorio en general. Adelante, no tengan miedo de poner un nombre así a sus chiquillos/as, que les aseguro que se van a formar una personalidad de la gran siete.

domingo, 24 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (III) - La delgadez y la salud


—¡Doctor! ¡Fui empalada!
—Bueno, quizás te sentirías mejor si perdieras algo de peso.

3. La delgadez y la salud

Veamos: por mi estatura y mi peso, de acuerdo al cálculo de Índice de Masa Corporal (IMC), estaba en el rango de la obesidad tipo 1, y ahora estoy en el rango del sobrepeso. Admito que, cuando vi la palabra “obesidad” me austé y me propuse bajar los kilos que hicieran falta para no volver a leer esa palabra nunca más. Cuando llegué al sobrepeso, dije: “Bien, pero todavía me falta”.

Nada sabía yo de que el bendito IMC tiene varios defectos: no considera la contextura, arroja resultados bajos para gente de estatura baja y altos para gente de estatura alta, no tiene en cuenta si el peso está compuesto por grasa o por músculo y, no probó realmente que todas las famosas enfermedades “de gordo” se den con mayor frecuencia en gente “obesa”. En síntesis, no necesariamente mi salud dependía de ese resultado ni se debía a él.

De hecho, mi salud toda la vida fue bastante buena. Y, de hecho, el año en que engordé (un año antes de calcular si era o era obesa) tuve el peor estado de salud de mi vida. Por supuesto que fue tentador confundir correlación con causalidad. Tuve por única vez en la vida un leve ascenso en mi presión, me agitaba al subir a mi departamento en un segundo piso, moría de sueño todo el tiempo, no quería saber de la vida. Pero nada de esto es, al menos no directamente, consecuencia de la gordura. Mi presión subió porque todo lo que comía tenía condimentos altos en sodio, mi resistencia bajó porque la actividad física que hacía era prácticamente nula, moría de sueño porque tenía varias carencias nutricionales que no atendía, y moría de sueño porque tener dos trabajos, una práctica docente y estudiar por la noche agota a cualquiera, física y mentalmente. No querer saber de la vida se comprende y se espera en esa situación de estrés.

El sobrepeso fue una cuestión secundaria que se dio a consecuencia de mis hábitos, pero no fue precisamente la causa de mis males. Cuando empecé a atender un poco más mi alimentación y a hacer ejercicio, todos estos problemas rápidamente se resolvieron. ¿Y saben qué? No había bajado un puto gramo. Desde ahí hasta que empecé a perder peso pasaron varios meses, y mi salud estaba bien. Muchas personas te felicitan cuando adelgazás porque dicen que es algo bueno para tu salud. Y sí, cortar con las comidas procesadas y hacer ejercicio por supuesto que son cosas buenas para la salud, y es probable (no indefectible) que al hacerlo pierdas peso, pero no a todas las personas esos hábitos le hacen perder peso tan fácilmente, y aun así mejoran su salud.


En síntesis, a menos que tengas en mano todos los resultados de sus estudios, no es seguro asumir nada sobre la salud de una persona basándote solo en su apariencia.

domingo, 10 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (II) - Los aspectos del ideal delgado


Fuente: http://www.ceu.edu/event/2014-12-08/body-positivity-exhibition

2. Los aspectos del ideal delgado

Sí, la delgadez es reconocida, aquí y ahora, como una característica primordial del ideal de belleza occidental. Este ideal de belleza es famoso por excluir no solo tipos de cuerpo, sino colores de piel, cabello, ojos, estatura, manos, narices caderas, muslos y un montón de otras partes que no se parezcan a las de la mujer europea promedio. De tanto que lo vemos en todas partes, la mayoría de nosotros tiene, en mayor o menor medida, preferencias estéticas que se ajustan a este ideal. Aunque nos creamos seres únicos con intereses particulares e irrepetibles, la verdad es que muchos de nuestros gustos y preferencias nos son sutilmente metidos en la cabeza por influencia de nuestra crianza, nuestra cultura y nuestros medios. ¿Y cuál es el tipo de belleza que nos inculca nuestra crianza, nuestra cultura y nuestros medios? Ajá.

Entonces, no. La delgadez no necesariamente hace a la fealdad o la belleza de una persona. La delgadez es favorecida hoy como algo bello por la exposición intensa de cuerpos delgados. Pero, ¿por qué esta exposición? Con la abundancia de comida barata y de mala calidad, y la falta de educación en nutrición, es muy fácil alimentarse mal. La mayoría de la gente que se alimenta mal (no toda) suele ganar peso. Cuando uno no tiene la educación ni los recursos para nutrirse adecuadamente y, en consecuencia, engorda, es muy difícil perder ese peso. Cualquier persona que trató de perder peso alguna vez sabrá que es difícil. Tan difícil es, que muchas marcas nos ofrecen la solución en un batido, en una pastilla, en una máquina de jugos, en una crema reductora. A quienes venden estas cosas les conviene que engordar sea fácil y adelgazar difícil, y que nos interese el esfuerzo de adelgazar porque el objetivo estético es estar delgados.


La belleza humana es diversa, y deberíamos luchar por que esa diversidad se vea representada. Las modelos delgadas que vemos como hermosas en todos lados son hermosas, de verdad, pero es solo una forma de ser hermosa. Que otros tipos de cuerpo sean modelo a seguir para las personas no hará que las chicas naturalmente delgadas queden relegadas ni nada, solo haría un poquito de justicia.

viernes, 8 de enero de 2016

Cuerpo en protesta (I) - Nadie tiene por qué darme una opinión que no pedí sobre mi cuerpo

Fuente: http://goo.gl/J7exwx

Recientemente, perdí un total de diez kilos. Mucha gente me dice que me ve más delgada, y eso no me hace sentir para nada bien. En esta pequeña serie de cuatro partes, voy a explicar por qué. Imagino que habrá mucha gente que se sentirá identificada, al menos en parte, pero voy a exponer una perspectiva muy personal, por lo que mis vivencias no necesariamente reflejan las vivencias de otras personas en esta situación.

1. Nadie tiene por qué darme una opinión que no pedí sobre mi cuerpo

No puedo soportar que las personas asuman que está bien comentar sobre el cuerpo ajeno sin pedir permiso. No hay diferencia para mí entre la amiga que te dice que estás flaca y el desconocido que te elogia el culo cada vez que pasás frente a él en la esquina. Yo sé que las intenciones son buenas, pero las intenciones no siempre tienen el resultado esperado. No estoy de acuerdo con que “flaca” sea un cumplido.

En la pubertad, de un día para el otro, tomé conciencia de mi cuerpo y tomé la conclusión de que ese cuerpo era feo, que yo era fea. Desde los doce años siento que mi cuerpo no es adecuado: no tiene el tamaño adecuado, la forma adecuada, la piel adecuada. Y no estoy sola, casi cualquier mujer puede decir algo similar. Si bien al pasar los años una aprende a aceptar ciertas cosas, la verdad es que muchas mujeres nos sentimos incómodas y molestas por tener el cuerpo que tenemos por el resto de la vida. Y esto sucede a veces incluso después de hacer todo lo que creemos que tenemos que hacer para no odiarnos. Seguimos odiándonos después de bajar los kilos que nos propusimos, después de marcar músculo, después del tratamiento para el acné, después del alisado de cabello, después de la cirugía.

Para una persona que sufrió por años tratando de disimular que tiene un cuerpo, no es agradable escuchar que la gente se da cuenta de la existencia de su cuerpo. Y no es agradable escucharlo en el tono en que lo dicen, con alegría, con ánimo, sin dejar ninguna duda de que están contentos porque ahora tenga este nuevo cuerpo más lindo que el de antes. Porque ese cuerpo de antes seguía siendo yo, y es una mierda escuchar que la gente, sin ningún problema, te dice que antes no valía la pena mirarte o notar tu existencia y ahora sí.

Porque no puedo saber qué otra persona pueda estar sintiendo lo mismo, yo decidí no volver a hacer jamás ningún comentario sobre el cuerpo de nadie si no me lo piden ni me dan permiso. Decidí pensar en esto que antes hacía sin pensar. Y me alegrará si leer esto hace que alguien más reflexione sobre lo que daba por hecho (el derecho de opinar sobre el cuerpo ajeno) y tome una decisión.

domingo, 14 de junio de 2015

Feminismo y humor (II)


Acabo de leer un chiste de mierda. Resumiendo, iba de lo siguiente: una pareja hombre-mujer estaba en la cama con toda la onda, hasta que la chica le dice que ya no tiene ganas, que él no se conecta con sus necesidades emocionales como mujer. Entonces, al día siguiente, el tipo la lleva de compras y le dice que agarrara todo lo que quisiera. Faltando una persona en la fila para pagar, le dice que ya no tiene ganas de comprarle todo eso, que ella no se conecta con sus necesidades financieras como hombre.

Me dio mucha rabia el chiste en sí, pero creo que el disparador de mi ira fueron los comentarios de hombres en el mismo plan: "Jajaja, es así, para que vean lo que se siente".

No voy a hablar del viejísimo concepto de que la mujer debe ser mantenida económicamente por el hombre, que ya lo conocemos todos y creo que lo entendemos. Voy a hablar del otro concepto del cual se habla muy poco: que los hombres tienen derecho al sexo (para el cual tienen que estar siempre disponibles) y que las mujeres se lo debemos a los hombres.
Este concepto que tenemos de nuestros roles sexuales (el hombre permanentemente complacido, la mujer permanentemente complaciente) nos hace perder la noción de la realidad. Este chiste me obligó a listar cuestiones más realistas y respetuosas de los derechos y sentimientos de las personas:

-Las mujeres no le debemos sexo a nadie, por más amables que sean con nosotras.
-Los hombres no tienen derecho al sexo como recompensa por sus "buenas acciones", y no tienen que "portarse bien" solo por una futura recompensa, sino porque somos todos seres humanos, maldita sea.
-Tanto mujeres como hombres tenemos derecho a dar consentimiento y a retirarlo. Podemos cambiar nuestra opinión sobre continuar o no un acto sexual y tenemos derecho a que estas decisiones sean respetadas.
-Tanto mujeres como hombres somos susceptibles de que el cuerpo "no nos responda" (falta de lubricación, falta de erección, nervios, miedo), y ninguno está obligado a seguir si no es lo que desea.

Podría seguir, pero básicamente esto es lo que más se ajusta al chiste mencionado al principio.

Al machismo le encantaría afirmar que me estoy volviendo una amargada para validar sus estereotipos. Sigo teniendo sentido del humor, gracias, pero ya no me dan risa los chistes baratos basados en la opresión y en la completa ignorancia de la mitad de la población.

viernes, 1 de mayo de 2015

Omisión de la diversidad en el ámbito empresarial

Fuente de la imagen: rosebfischer.com

Me hace sentir tan mal que tantas personas "exitosas" o "emprendedoras" compartan cosas que encajan siempre con el perfil de "católico-nacionalista-de derecha", y sean aplaudidos por la gente. Son completamente libres de pensar de esta manera y compartirlo si así lo desean, solo que hacen ver que el único tipo de persona exitosa que hay es la persona católica-nacionalista-de derecha. Y no es así.

Yo sé que hay, y conozco incluso, a empresarios, emprendedores, gerentes de empresas, y exitosos varios, que no encajan en este perfil, pero que no dicen nada al respecto por miedo a perder clientes o prestigio ante un público prejuicioso.

El problema no es con esta gente que comparte su forma de pensar, sino con la gente diferente que no lo hace. Es muy agotador ver que todas las personas "respetadas" sean iguales, y no ver nadie como uno con quien identificarse, en quien inspirarse y a quien tomar como modelo.

Yo quiero verme representada, quiero que la gente vea que no existe una única forma de ser "buena persona". Quiero que estas personas dejen de intentar protegerse y que aprovechen sus puestos de influencia para demostrarle al público que se puede ser diferente y "buena persona" al mismo tiempo. Que abran el camino a otras personas más jóvenes para que no tengan miedo a perder sus trabajos o emprender algo por ser quienes son. Que no sientan que tienen que mentirle a la sociedad para ser algo en la vida.

Algo que aprendí del paraguayo promedio es que puede no tener idea de lo que es la diversidad, pero un día se le da la oportunidad de hablar cinco minutos con alguien diferente y su perspectiva cambia. Nuestra sociedad tiene mucho que aprender, y es muy capaz de aprender, y las personas con más poder e influencia tienen la obligación de empujar las barreras tanto como las que tienen que batallar desde abajo. Al principio cuesta, pero la recompensa de un ambiente más respetuoso después vale la pena, completamente.