La manera en que gran parte de la población paraguaya consigue moverse de un lugar a otro es viajando en bus. No es que sea el medio más económico, el más cómodo o el más eficiente: es el único medio. Y moverse en bus es una experiencia plagada de tormentos, que me ha tocado vivir.
Para empezar, tengamos en cuenta la locación: Asunción y alrededores, Paraguay. El casco antiguo de la ciudad de Asunción está dedicado mayormente a albergar oficinas de empresas privadas y de entidades públicas, por lo que no hay muchas viviendas particulares allí. De hecho, la mayor parte de la gente que trabaja en estas oficinas habita en las ciudades aledañas (Lambaré, Mariano R. Alonso, Luque, Fernando de la Mora, entre otras) o en rincones de la misma Asunción que quedan a una distancia considerable del susodicho casco antiguo.
Ahora, consideremos la situación laboral de la mayoría de los trabajadores de estas entidades. Multitud de personas que sobreviven con el dichoso salario mínimo legal vigente (en raros casos, más; muchas veces, inclusive menos), que deben presentarse en las oficinas alrededor de las 8 de la mañana (sepan, lectores y lectoras, que en entidades privadas es categórico el descuento del salario por llegadas tardías).
Tenemos en total tres factores que convergen (el bus como exclusiva posibilidad de transporte, la distancia entre la vivienda y el lugar de trabajo y la prisa por llegar puntualmente) y que generan una situación de caos, caracterizada por embotellamientos en absolutamente todas las vías de entrada a la ciudad capital y las angostísimas calles del casco antiguo colapsadas.
Pero volvamos la vista lentamente al viaje en bus propiamente dicho. La persona que vaya a realizarlo tiene que saber muchas cosas. La primera de todas es la anticipación: no importa que a las 3 de la tarde y en auto un viaje al centro tome menos de media hora. Hay que tomar el bus como mínimo dos horas antes de la hora en la que pretendemos llegar a destino. O sea que si mi horario de entrada es a las 8, tengo que estar de pie a las 5, aproximadamente, y estar esperando el bus a las 6 a más tardar. ¿Por qué? Porque los buses dan vueltas innecesarias en lugar de tomar calles más directas y porque NO cumplen horarios. Si hoy tomé un bus a las 6.15, es probable que mañana no pase ninguno a esa hora. Sin mencionar que la frecuencia con la que pasan es trágica: cada media hora, cada veinte minutos, cada tres horas... imposible saber con exactitud. Además, el lugar por el que pasa el bus queda relativamente distante de la casa, y para agarrar un bus habrá que caminar, atravesando charcos, barro, piedras, polvo, tierra... en fin, lo que toque (particularmente, lo tuve que hacer en tacones). Quizá se asome un bus que te lleve, pero pasará la parada de largo, y habrá que esperar que otros tres buses por lo menos hagan lo mismo hasta que finalmente uno, en el que todavía entra un poco de aire, se detenga y podamos abordarlo.
¿Calidad del viaje? Nula. A menos que subas al bus en su mismo punto de partida, viajarás de pie. Es más, de tan repleto que está el bus, probablemente tengas que colgarte de las puertas, arriesgando tu vida por llegar a tiempo a trabajar. Embarazadas, gente con capacidades diferentes, ancianos o cualquiera que necesite con más urgencia un asiento, ni piense conseguirlo, que tome el bus a otra hora. También hay que saber que el bus no tiene aire acondicionado en verano ni calefacción en invierno, que probablemente se le caigan trozos mientras marcha, que es un vehículo que fue utilizado y desechado en un país en el que cumplió con su vida útil hace muchos años y que no respeta las disposiciones de seguridad que supuestamente impone la ley. Habrá que respetar el gusto musical del chofer, quien nos impodrá la música que nos acompañará durante todo el trayecto a menos que nos atrevamos a llevar nuestro propio reproductor con auriculares correspondientes. En cada semáforo con luz roja, las frenadas serán bruscas, y cada esquina que haya que doblar nos colocará a 45 grados con respecto al suelo.
Otros riesgos: todo tipo de hedores corporales de los demás viajeros, recibir golpes o cortaduras, sofocarse, que alguna persona indispuesta vomite, que un chistoso que va parado detrás de vos decida frotar su zona pélvica contra tus nalgas, que una de las aparentemente inocentes personas que comparten el trayecto con nosotros resulte ser delincuente y aproveche la confusión de la multitud para despojar al maltratado pasajero de su dinero u objetos de valor que duramente consiguió con el trabajo al que se dirige en ese bus-chatarra. Esto como guía básica, hay muchos riesgos menos frecuentes pero no por eso improbables que correremos en el bus y no están mencionados aquí.
Para mucha gente, no existe la opción de acortar distancias y ahorrar tiempo tomando varios buses, pues esto implicaría gastar mucho dinero (si, pese a las aterrorizantes condiciones del viaje, los pasajes en bus tienen un precio bastante alto, del que no se puede escapar porque es la única manera de viajar para quienes no tienen lo suficiente para comprarse un coche o motocicleta. El taxi costaría un salario mínimo en una semana, más o menos) para ir a trabajar y conseguir el dinero que paga el pasaje en bus que nos lleva a trabajar: un círculo vicioso del que se escapa solo contrayendo deudas, obteniendo un ascenso o con décadas de ahorro. Las dos últimas opciones son para mucha gente sueños tan inalcanzables como poder volar, por lo que entran a otro círculo vicioso, el de las deudas, del cual no me ocuparé en este artículo.
El viaje que intenté describir en rasgos generales dura más de una hora. Hay que multiplicar esto por la cantidad de días que debamos viajar así. El resultado que obtenemos es: estrés, impotencia y frustración en cantidades desmedidas. Todo esto debe sumarse, en muchos casos, a la ausencia de desayuno (con toda esta presión mucha gente no tiene tiempo de desayunar), lo que ocasiona aun más estrés, impotencia y frustración.
Y por poco, casi, estamos cerca de decir que todo está perdido. Pero no, todavía tenemos de nuestro lado el poder de las manifestaciones, para la gente que tiene tiempo de salir y quejarse (un gobierno presionado por un pueblo agobiado quizá tarde o temprano escuche y actúe). Para los de agenda más apretada, una opción sería intentar contactar gente que viva cerca de nuestros hogares, que trabaje también en el centro y viajar en grupo en auto, colaborando entre todos para cubrir los gastos del combustible. Es necesario utilizar los buses lo menos posible para que los indiferentes propietarios de empresas de transporte noten que en esas condiciones no pueden seguir sustentando su negocio y se vean obligados a mejorar.
Con que el gobierno algún día nos otorgue medios como trenes, tranvías u otros, por el momento no contemos. Pero podemos trabajar para que alguna vez llegue al poder gente que sí implemente estas mejoras. No es imposible. Tal vez ni siquiera vivamos demasiado tiempo para ver estos progresos, pero no por eso debemos quedarnos de brazos cruzados y condenar a las siguientes generaciones a que perpetúen esta miseria. Todo es cuestión de darnos cuenta de que estamos siendo burlados y que esto sí se puede cambiar.
Sin aludir a ninguna ideología política y sin ser una soñadora irracional, YO digo que: estoy harta y creo posible el fin de esta situación. ¿Alguien se me une?
domingo, 9 de enero de 2011
viernes, 19 de noviembre de 2010
Cuitas y risas de la bisexualidad
Lo cierto es que la bisexualidad es invisible. Ni heteros ni gays se acuerdan de mencionarla en sus discursos, tanto «pro» como «anti.» Pero esta orientación, lectoras y lectores, existe. Tiene su mundo, su vida, sus cuitas y sus risas.
En un entorno homofóbico, una persona bisexual es simplemente confundida por heterosexual, a menos que se declare, por supuesto. En un ambiente respetuoso, de todas formas toca a veces lidiar con que la idea de la bisexualidad a alguna gente no le quepa en la cabeza.
A veces, las personas bisexuales pecamos de decir "mentiritas blancas" o, mejor dicho, ocultamiento, cuando de disimular se trate. Es fácil hacerse pasar por hetero cuando en serio te gustan las personas del sexo opuesto. Tus opiniones son sinceras... solo que no le decís a nadie que también te gustan personas de tu mismo sexo. Esto ciertamente NO es lo ideal, pero una o dos veces se hizo.
Ser bisexual es fácil y es difícil al mismo tiempo. Hay que lidiar con mucho. Pero una de las más grandes luchas es la que se tiene entre lo que se vive al ocultar y lo que se vive al salir del closet. En el segundo caso, se oyen un montón de cosas que solo hacen que a una se le pongan los nervios de punta. He aquí el catálogo de las frases «bifóbicas» que, a lo largo de mi breve vida afuera, me ha tocado escuchar:
- "Seguro solo estás confundida. Tenés que reflexionar y ver si te gustan los hombres o si te gustan las mujeres. No te pueden gustar las dos cosas." (Impresionante capacidad de ponerse en el lugar de uno como para decir qué le gusta y qué no)
- "Sí, pero... ¿Te gustan más los hombres o las muejres?" (Si bien muchas personas bisexuales muestran cierta preferencia hacia los hombres o hacia las mujeres, no todas ellas la presentan. En todo caso, nadie está obligado a elegir esto, y mucho menos a dar explicaciones)
- "¿Y tu novio/a sabe?" (Tema muy complicado. Personalmente, creo necesario poner todas las cartas sobre la mesa antes de involucrarse en una relación. Si me acepta, bien. Si no, no me merece. El novio o la novia es alguien muy importante, y debe conocer estas cuestiones básicas sobre mí. De todos modos, esta pregunta es incómoda porque se involucra con mi vida privada... como todas las preguntas que te hacen una vez que se enteran o les comentás sobre tu orientación sexual)
- "¿Tenés novio o novia?" (Claro, es que una persona bisexual tiene a su disposición más gente y DEBE estar en una relación)
- "Pero vos tenés mucho sexo" (es que la gente bisexual es promiscua y todo el tiempo está garchando con quien sea... o con lo que sea)
- "Nos abandonás, sos una lesbiana arrepentida" (mis enojadas amigas lesbianas, aquella vez que tuve novio y les conté. Definitivamente no entendieron la parte de "bi")
- La peor de todas, la que me da ganas de arrojar dentro de una olla con aceite hirviendo a quien la diga: "¿Te interesaría participar en un trío?" (De nuevo a la creencia de que toda persona bisexual es necesariamente promiscua. Tríos es lo mínimo que se puede esperar, los bisexuales follan con todo y son más degenerados que cualquiera)
No voy a decir que comprender a una persona bisexual es complicado o sencillo. Como seres humanos, cada uno tiene su propia personalidad y expresa su (bi)sexualidad a su propio modo. Pero sí voy a decir que la bisexualidad está rodeada de una enorme multitud de mitos y creencias falsas que hacen daño tanto a la persona bisexual como a la sociedad en general. Por eso, hagamos visible a la bisexualidad, démosla a conocer. Es necesario que el mundo sepa de ella y le dé un espacio dentro de la gran diversidad de la población humana.
viernes, 15 de octubre de 2010
Cháke la tatu!*
De cierto modo, me fascina el miedo que se tiene a la vagina. El miedo de que una mujer haga lo que se le ocurra, que haga lo que antaño solo hacían los hombres, que se destaque y que supere a los varones. Me fascina porque es curioso estudiar este miedo, este irracional e infundado miedo, que se manifiesta mediante la limitación de la mujer. Antes de ahondar, quiero pedir disculpas a toda la gente que pueda leerme por referirme a la mujer como vagina (mi excusa, aunque no válida, es que quiero llamar la atención desde el título), pues es verdad que somos mucho más que partes de nuestro cuerpo.
¿Somos más que partes de nuestros cuerpos? Porque para gran cantidad de gente, la mujer se resume en: senos, nalgas, vagina (partiendo de la utilidad sexual); comida, limpieza, crianza de hijos (partiendo de la utilidad doméstica) y.... no, no hay más ámbitos en los cuales se pueda incluir a una mujer. Esto es limitación.
Dirán que mi queja está gastada, que siempre digo lo mismo, que la mujer hoy día ocupa cualquier ámbito imaginable... y más vale que ocupe cualquier ámbito, con igualdad de condiciones ante los hombres, pero también más vale que diga siempre lo mismo, porque a pesar de todos los logros, todavía quedan trechos largos por recorrer. Por esto, mi queja no está gastada en lo absoluto. Y en cuanto a la mujer ocupando cualquier ámbito, quería hacer una consideración: es aquí donde se siguen viendo las sutiles diferencias: un ejemplo es la mujer que trabaja en una oficina. Por lo general, tiene que ir vestida con «ropa de oficina,» que no es solo ropa. Incluye maquillaje, zapatos altos y una cartera incómoda en la que guarda las miles de cosas que necesitará durante el día. Esta ropa generalmente no es muy confortable de usar, el maquillaje hace perder tiempo, la cartera es bastante complicada de llevar, y los tacos revientan los pies de dolor y los deforman. Con todo, la mujer tiene que parecer una muñeca o una portada de revista en todo momento. Ya no disimula la incomodidad, se acostumbra a ella. En el peor de los casos, la mujer viene con la idea muy profunfamente implantada de que es así como deben ser las cosas, por lo que ni siquiera ya necesita acostumbrarse a la incomodidad, porque es algo obligatorio. Y siempre, o casi siempre, la mujer tiene alguna dificultad que el hombre no tiene. Esto, señoras y señores, es limitación.
En el mundo del delito, es considerable y es irónica la justicia que son capaces de aplicar los ladrones. Para ellos, todas las víctimas son iguales... o al menos eso pensaba yo. No sé si en serio los delincuentes se aprovechan, o si todo solo está en la mente de la sociedad. Pero una mujer que sale de noche, o que sale sola, o que sale de noche y sola, es blanco directo. ¿Por qué? Porque es mujer, simplemente por eso. Nos obligan a las mujeres a vivir con miedo, a llenarnos de compañía, a pasar momentos desagradables con tal de no arriesgar nuestras vidas, y eso es limitación.
Bueno, creo que queda claro cómo se limita a la mujer, cómo se le impide desenvolverse en un 100%. Esto es culpa de la gente, de nadie más, por supuesto. Pero es alarmante qué sector de la sociedad es el que origina esta situación: ¡las mismas mujeres! Así de raro como suena: son las mujeres quienes se reprimen a sí mismas y reprimen a las demás.
Por supuesto, no todas las mujeres, pero una gran mayoría.
Desde chiquitas, muchas niñas son instruidas por sus madres en labores domésticas, lo cual no está de más saber para nadie. El problema con esto es que son instruidas no solo en las labores, sino que son instruidas en estas labores mientras sus hermanos mayores meriendan viendo la tele... una merienda que su hermanita preparó. El hombre, por ser hombre, no ayuda en lo más mínimo con tareas del hogar, y por lo general se la pasa relajándose... descansa de tanto descansar. Pasan los años, en los cuales la nena tiene toda la carga del trabajo doméstico, sin ayuda de su hermano o cualquier otro varón (porque los hombres no hacen esas cosas) y sin ayuda de su madre (que ya hizo lo suyo en su infancia, por lo que ahora se entrega al chisme y a las telenovelas mientras su hija limpia). Y tiene que combinar todo eso con el estudio, porque ahora las nenas van a la escuela.
Y pobres de ellas si sacan malas notas. Eso automáticamente quiere decir que están pensando en muchachos, y que por eso no se concentran en el estudio. Lo cual, obviamente, es muy mal visto. Solo los varones pueden desear mujeres y hacer su deseo público mediante soeces «piropos» para la primera que se le cruce. Se espera que la mujer sea recatada y mantenga perfil bajo. Si no es así, las demás mujeres de inmediato le darán la espalda y se referirán a ella como puta, buscona, y un largo etcétera.
Al salir, si es que sale, una mujer debe regresar temprano. Un hombre puede llegar cuando se le antoje (él siempre sale), porque es hombre, tan solo por eso. Pero la mujer, nunca. Si llega tarde, se puede esperar un gran sermón por parte de toda la casa, pero sobre todo por parte de las mujeres que en ella habiten.
Al hablar de planes para la vida. El plan para la mujer debe ser casarse, tener hijos/as y educarlos/as de la misma manera en que su familia fue educada.
Esta sumisión de la mujer por parte de la misma mujer se ve acompañada de una desmedida protección del hombre. Normal es que una madre le prepare un jugo a su hijo y una escoba a su hija. Un profesor de historia que tuve en el colegio una vez comentó que esta actitud tan injusta surgió tras la guerra del 70 (Guerra contra la Triple Alianza para paraguayos, Guerra del Paraguay para el resto del mundo): la población quedó diezmada, pero más aun la población masculina. Los pocos varones que quedaron eran necesarios para poblar de nuevo el país, por lo que las mujeres evitaban que los mismos se esforzaran demasiado y los llenaban de cuidados cuando estaban en casa.
Y el país se pobló. Rápidamente. Los hombres abundaron y crecieron fuertes. Pero esa idea de evitar que se esfuercen demasiado, de hacer todo por ellos y dejarlos que hagan solamente lo que quieran, quedó. No solo quedó, se contagió un poquito a la mente masculina. Pero sigue más fuerte siempre en la mente de las mujeres, quienes se reprimen unas a otras y se reprimen hasta a sí mismas.
Afortunadamente, crecer así no fue mi caso, y es quizá por eso que me di cuenta de que a mi alrededor se hacían las cosas de otro modo, de un modo que no puedo aceptar. Por suerte, yo sí crecí rodeada de mentes con horizontes más amplios. Por suerte, crecí en un ambiente en el cual no me limitaron.
*Frase del guaraní que significa «cuidado con la vagina.»
sábado, 2 de octubre de 2010
Condenada familia
Prestá muchísima atención, porque probablemente tu familia esté condenada. Sí, así como lo escuchás, tu familia puede estar encaminándose directo al infierno. Tu familia puede no ser una familia realmente. Tu familia puede ser la causa de la putrefacción de la sociedad, y vos ni enterado/a. Pero no te alarmes, te explico.
Yo vivo en un mundo bastante diverso, con gente bastante diversa, con familias bastante diversas. Pero hace poquito me enteré de que eso está mal, que no debe ser así, que la diversidad es inaceptable.
¿Quién me enseñó tal cosa? Pues una amable organización de adorables fundamentalistas religiosos. Me abrieron los ojos, me dijeron que la única forma de familia aceptable es "mamá, papá, hijo/a." No importa que el papá sea un alochólico abusivo que maltrate a su esposa y sus hijos, son una familia. No importa que la madre no tenga más posibilidad de realización que ver sin manchas una camisa blanca, son una familia. No importa que la opinión del hijo o hija no sea tenida en cuenta por nadie, son una familia.
Esto significa que cerca del 90% de la población está viviendo en el error. Sí, porque la mayor parte de la población no cumple con los requisitos de familia. Miles de personas han crecido solamente con sus madres, porque sus padres se borraron del mapa antes de que nacieran. Este común caso de una mujer que crió a una persona o más con doble o triple trabajo, sin ayuda... resulta que está mal porque Dios no lo planeó así.
Están también aquellos grupos que alguna vez fueron familias hechas y derechas, pero que fueron diezmadas. Ya sea por la situación económica, que obligó a un miembro o más de la misma a emigrar para trabajar y enviar unos pocos euritos (que acá llegan como caídos del cielo); ya sea porque uno o más de sus miembros falleció; ya no son familias.
¿Quién integra este grupo de rebeldes,? se preguntarán ustedes. Es una organización lavadora de cerebros llamada "Queremos papá y mamá." Este grupo defiende la familia y la vida. La familia y la vida que ellos consideran correcta, por supuesto. Nada de querer celebrar una familia que no se ciña a sus rígidos preceptos. No importa cuánto ames a tu familia, si no entra en la definición de esta gente, no es familia.
Esta organización, junto con otro grupo que defiende la educación de sus hijos e hijas, está empecinada en que la educación sexual es demasiado inmoral para sus pequeños pimpollitos. Es preferible que en la adolescencia sigan proliferando los embarazos no planeados, el contagio de enfermedades de transmisión sexual y la absoluta falta de información. ¿Adolescentes no heterosexuales? Pueden olvidarse de recibir algún tipo de orientación.
Ahora que ya saben quiénes son, se preguntarán: ¿cómo reconozco a esta gente? Es fácil, lavan cerebros en la calle, intentarán a toda costa hacerte firmar un papel sin que lo leas, se jactan de ser cristianos/as intachables... ah, y utilizan un brazalete color naranja, que venden. ¿O acaso pensabas que no iban a aprovechar esta ola de fundamentalismo para forrarse los bolsillos con billetes?
Si es que creías que la familia es el círculo de afectividades y confianza que te rodea, podrías necesitar replantearte este concepto.
Yo vivo en un mundo bastante diverso, con gente bastante diversa, con familias bastante diversas. Pero hace poquito me enteré de que eso está mal, que no debe ser así, que la diversidad es inaceptable.
¿Quién me enseñó tal cosa? Pues una amable organización de adorables fundamentalistas religiosos. Me abrieron los ojos, me dijeron que la única forma de familia aceptable es "mamá, papá, hijo/a." No importa que el papá sea un alochólico abusivo que maltrate a su esposa y sus hijos, son una familia. No importa que la madre no tenga más posibilidad de realización que ver sin manchas una camisa blanca, son una familia. No importa que la opinión del hijo o hija no sea tenida en cuenta por nadie, son una familia.
Esto significa que cerca del 90% de la población está viviendo en el error. Sí, porque la mayor parte de la población no cumple con los requisitos de familia. Miles de personas han crecido solamente con sus madres, porque sus padres se borraron del mapa antes de que nacieran. Este común caso de una mujer que crió a una persona o más con doble o triple trabajo, sin ayuda... resulta que está mal porque Dios no lo planeó así.
Están también aquellos grupos que alguna vez fueron familias hechas y derechas, pero que fueron diezmadas. Ya sea por la situación económica, que obligó a un miembro o más de la misma a emigrar para trabajar y enviar unos pocos euritos (que acá llegan como caídos del cielo); ya sea porque uno o más de sus miembros falleció; ya no son familias.
¿Quién integra este grupo de rebeldes,? se preguntarán ustedes. Es una organización lavadora de cerebros llamada "Queremos papá y mamá." Este grupo defiende la familia y la vida. La familia y la vida que ellos consideran correcta, por supuesto. Nada de querer celebrar una familia que no se ciña a sus rígidos preceptos. No importa cuánto ames a tu familia, si no entra en la definición de esta gente, no es familia.
Esta organización, junto con otro grupo que defiende la educación de sus hijos e hijas, está empecinada en que la educación sexual es demasiado inmoral para sus pequeños pimpollitos. Es preferible que en la adolescencia sigan proliferando los embarazos no planeados, el contagio de enfermedades de transmisión sexual y la absoluta falta de información. ¿Adolescentes no heterosexuales? Pueden olvidarse de recibir algún tipo de orientación.
Ahora que ya saben quiénes son, se preguntarán: ¿cómo reconozco a esta gente? Es fácil, lavan cerebros en la calle, intentarán a toda costa hacerte firmar un papel sin que lo leas, se jactan de ser cristianos/as intachables... ah, y utilizan un brazalete color naranja, que venden. ¿O acaso pensabas que no iban a aprovechar esta ola de fundamentalismo para forrarse los bolsillos con billetes?
Si es que creías que la familia es el círculo de afectividades y confianza que te rodea, podrías necesitar replantearte este concepto.
martes, 7 de septiembre de 2010
¡Juventud, primavera!
Está claro que nuestro breve y pobre invierno ya acabó. Los lapachos florecen, llenando la vista de rosa, lila, amarillo y blanco; los primeros insectos empiezan a aparecer; proliferan las aves... y los adolescentes sufren de incontrolables impulsos sexuales.
La primavera en esta tierra subtropical no es muy perceptible: el calor es lo considerado normalmente calor de verano. La sutil diferencia es que en primavera tenemos mucho calor y en verano vivimos en el mismísimo averno.
La primavera también se distingue por el comportamiento adolescente, el cual se contempla en su máxima expresión alrededor del equinoccio vernal. Los hechos se suceden más o menos de la siguiente manera:
1- el colegio organiza una fiesta para celebrar la llegada de la primavera;
2- la fiesta se torna aburrida, por lo cual no pasa nunca de las 3 de la tarde;
3- como todavía es temprano, las jóvenes parejas aprovechan esta ventaja para ir, como sea y adonde sea, a actuar según sus impulsos primaverales (actitud altamente peligrosa en parejitas heterosexuales);
4- para el mes de noviembre, como el país es pequeño y su población lo es más, necesariamente nos llegan noticias acerca de los flamantes embarazos.
Esta situación es interesante para observar, pero lamentable para analizar. Son estos casos los que colaboran con la perpetuación de mediocridad social y la frustración individual. Buen mes eligieron numerosas organizaciones para declarar el 26 día mundial de la prevención del embarazo no deseado.
Algunos adultos, increíblemente, siguen evitando inculcar educación sexual. Creen que protegen a la juventud cuando lo único que hacen es ocultarles información. Esto, además de lamentable, es nocivo.
La «calentura adolescente» ha existido siempre, sabemos eso. Lo que cambia es siempre la creatividad de estos personajes para encontrar siempre una manera de salirse con la suya. No hay nada malo con el hecho de abocarse a sus impulsos, pero es conveniente que siempre antepongan la mente al cuerpo y que tomen las precauciones necesarias.
sábado, 24 de julio de 2010
Mueran las solteras
Sé que ya mencioné el tema del matrimonio en la entrada Tu propio árbol genealógico, pero hoy voy a restringir el tema un poco más y me dedicaré a explicar solamente cómo le va a uno de los grupos afectados: el grupo de las mujeres.
Me sirve de ejemplo una conocida, un año mayor que yo, con quien discutí no hace mucho el tema. Todo comenzó cuando mencioné a una mujer que ambas conocemos. Mi interlocutora la veía básicamente como el ejemplo a NO seguir: pasa los 30 años de edad, no está casada, no tiene hijos/as y «con esa vida tan amargada, seguro que ni novio tiene.» Me decía, convencida desde lo más profundo de su ser, que ella pensaba casarse alrededor de los 23 años y tener hijos/as casi de inmediato.
Lo triste de la situación es que no es ella la única que piensa así. La mayoría de la gente con la que me he topado me ha dicho cosas similares.
No estar casada (con un hombre, obviamente, ¿cómo se nos ocurre pensar que puede ser con una mujer?) y no tener hijos/as no es nada malo... cuando una tiene 20 años. A partir de los 25, ya tiene que estar desesperada por que eso se realice, ¡si es el sueño de toda mujer! Más que sueño, es su función en la vida.
El querer buscarse alguna alternativa a este modo de vida (matrimonio) convierte a la mujer en paria. Puede, si quiere, estudiar y trabajar. Pero necesariamente tiene que sumar la responsabilidad maternal a todo lo que ya la está agotando. De lo contrario, su vida no es plena. Es obvio que la mujer sola vive de mal humor «porque no tiene un tipo al lado.»
Digo: las casadas (con hombres) que todo el día se quejan de sus maridos, ¿viven de buen humor? Las solteras que se dedican a la actividad que desean, cuando quieran, cuanto quieran y como quieran, ¿son infelices porque mandan en sus propias vidas? Creo que el promedio de mi sociedad (promedio al cual me enorgullezco de no pertenecer, sin importar cuán engreída suene al decirlo) tiene una visión o errónea o muy pequeña de la realidad de cualquier persona que se escape a los modelos que su mente conoce.
Puede ser también que la mujer soltera sí piense en dejar de serlo algún día, pero que no esté apresurada. Es una idea muy loca, ¿no es verdad? Dijo mi interlocutora: «ya tiene más de 30 años, es vieja.» Y pensó además: «es muy vieja. Ya no va a encontrar a nadie que quiera casarse con ella y va a tener a sus hijos/as a una edad muy avanzada.»
¿En serio cree que tener 30 años es ser vieja? Tonta pregunta. Claro que cree eso. Cree, tal vez, que una a los 28 ya es vieja.
Y si nadie se quiere casar con una, ¿qué importa? ¿Se va a caer el mundo? Además, ¿quién le asegura a la que se casó a los 22 que la persona con la que se casó la va a soportar toda la vida?
La verdad es que alrededor de esa edad (30, cuando se ha perdido toda juventud, según mucha gente) una puede estar en la cima: una mezcla de juventud con madurez que hace de esta mujer supuestamente vieja, triste y sola una verdadera gema. Para mí, una mujer que decide salirse de lo estándar y que «le chupe un ovario»* lo que los demás (mejor dicho, lo que LAS demás) piensen de ella es una mujer valiosa y admirable.
Y es así, parcialmente, la presión que sufrimos las mujeres por parte de otras mujeres. Tenemos que estar siempre hermosas, ser siempre jóvenes y felices (la felicidad se consigue casándose con un hombre y criando hijos/as con él). Dejando por un rato la ironía, no digo tampoco que no sea posible acercarse a la felicidad siguiendo el modelo más tradicional o haciendo algo que se le parezca, pues es absolutamente posible.
Cada camino tiene siempre sus ventajas y desventajas. Lo importante es hacer un balance y optar por el que más nos atraiga y menos nos perjudique y de respetar a quienes no eligen el mismo.
*le chupe un ovario: feminización de la frase «me chupa un huevo,» que coloquialmente es pronunciada por hombres con el sentido de «no me importa» y en donde «huevo» adquiere el significado de «testículo.»
Me sirve de ejemplo una conocida, un año mayor que yo, con quien discutí no hace mucho el tema. Todo comenzó cuando mencioné a una mujer que ambas conocemos. Mi interlocutora la veía básicamente como el ejemplo a NO seguir: pasa los 30 años de edad, no está casada, no tiene hijos/as y «con esa vida tan amargada, seguro que ni novio tiene.» Me decía, convencida desde lo más profundo de su ser, que ella pensaba casarse alrededor de los 23 años y tener hijos/as casi de inmediato.
Lo triste de la situación es que no es ella la única que piensa así. La mayoría de la gente con la que me he topado me ha dicho cosas similares.
No estar casada (con un hombre, obviamente, ¿cómo se nos ocurre pensar que puede ser con una mujer?) y no tener hijos/as no es nada malo... cuando una tiene 20 años. A partir de los 25, ya tiene que estar desesperada por que eso se realice, ¡si es el sueño de toda mujer! Más que sueño, es su función en la vida.
El querer buscarse alguna alternativa a este modo de vida (matrimonio) convierte a la mujer en paria. Puede, si quiere, estudiar y trabajar. Pero necesariamente tiene que sumar la responsabilidad maternal a todo lo que ya la está agotando. De lo contrario, su vida no es plena. Es obvio que la mujer sola vive de mal humor «porque no tiene un tipo al lado.»
Digo: las casadas (con hombres) que todo el día se quejan de sus maridos, ¿viven de buen humor? Las solteras que se dedican a la actividad que desean, cuando quieran, cuanto quieran y como quieran, ¿son infelices porque mandan en sus propias vidas? Creo que el promedio de mi sociedad (promedio al cual me enorgullezco de no pertenecer, sin importar cuán engreída suene al decirlo) tiene una visión o errónea o muy pequeña de la realidad de cualquier persona que se escape a los modelos que su mente conoce.
Puede ser también que la mujer soltera sí piense en dejar de serlo algún día, pero que no esté apresurada. Es una idea muy loca, ¿no es verdad? Dijo mi interlocutora: «ya tiene más de 30 años, es vieja.» Y pensó además: «es muy vieja. Ya no va a encontrar a nadie que quiera casarse con ella y va a tener a sus hijos/as a una edad muy avanzada.»
¿En serio cree que tener 30 años es ser vieja? Tonta pregunta. Claro que cree eso. Cree, tal vez, que una a los 28 ya es vieja.
Y si nadie se quiere casar con una, ¿qué importa? ¿Se va a caer el mundo? Además, ¿quién le asegura a la que se casó a los 22 que la persona con la que se casó la va a soportar toda la vida?
La verdad es que alrededor de esa edad (30, cuando se ha perdido toda juventud, según mucha gente) una puede estar en la cima: una mezcla de juventud con madurez que hace de esta mujer supuestamente vieja, triste y sola una verdadera gema. Para mí, una mujer que decide salirse de lo estándar y que «le chupe un ovario»* lo que los demás (mejor dicho, lo que LAS demás) piensen de ella es una mujer valiosa y admirable.
Y es así, parcialmente, la presión que sufrimos las mujeres por parte de otras mujeres. Tenemos que estar siempre hermosas, ser siempre jóvenes y felices (la felicidad se consigue casándose con un hombre y criando hijos/as con él). Dejando por un rato la ironía, no digo tampoco que no sea posible acercarse a la felicidad siguiendo el modelo más tradicional o haciendo algo que se le parezca, pues es absolutamente posible.
Cada camino tiene siempre sus ventajas y desventajas. Lo importante es hacer un balance y optar por el que más nos atraiga y menos nos perjudique y de respetar a quienes no eligen el mismo.
*le chupe un ovario: feminización de la frase «me chupa un huevo,» que coloquialmente es pronunciada por hombres con el sentido de «no me importa» y en donde «huevo» adquiere el significado de «testículo.»
martes, 15 de junio de 2010
Regalos de temporada
Con motivo de las fechas recordadas en esta zona del planeta (día de la madre en mayo y día del padre en junio), me dieron ganas de quejarme. Intenté hacerlo por otros medios, pero sin éxito. Luego recordé mi blog, el cual tenía bastante abandonado. Al principio dudé, ya que no quería extenderme en un asunto como este aquí; pero luego pensé que estaba bien, que merece la pena, pues esta es una verdadera cuita de esta era.
Básicamente, a papá deben regalarle un LCD (herramienta asociada con ocio, distracción, diversión) porque su día cae en el mismo mes del mundial. A papá, clarísimo está, le gusta el mundial, le gusta el fútbol, y nuestro mejor regalo sería brindarle la oportunidad de verlo en pantalla grande.
A mamá en su día debían regalarle -como todos los años- una plancha, un horno (herramientas asociadas con el trabajo doméstico, que en algunos casos es esclavitud) o un secador de pelo (herramienta asociada con la idea de que lo más importante es lucir un exterior estéticamente aceptable). Si la economía así lo permite, podemos incluso recurrir a todas las alternativas mencionadas, para dejarle a mamá bien en claro que ella es la que limpia, cocina, lava y, además, debe estar siempre hermosa o al menos querer e intentar estarlo.
Eso es lo que nos sugiere el exceso de publicidad. Publicidad que se hace sin ningún control, sin ningún miramiento a las ideas que puede inculcar dentro de la sociedad. Publicidad que es fruto de ideas anticuadas muy difíciles de desarraigar. Publicidad que, como ve que la mayor parte de la población es la gente que no goza de la posibilidad de avanzar intelectualmente, se aprovecha de ella, le saca todo el jugo (todo el dinero) y le vende cualquier cosa. Mientras la mayoría pague, la mentalidad de la sociedad importa tres pepinos.
Algunos/as nos preguntamos: ¿y si a papá no le gusta el mundial? ¿Y si a papá gusta de o se ve obligado a realizar ciertas o todas las tareas domésticas? ¿Y qué tal si a mamá le gusta el mundial y lo quiere ver relajada y en pantalla grande? ¿Qué tal si mamá odia las tareas domésticas o si la naturaleza de sus actividades o su agenda no le permiten realizar ciertas tareas domésticas? ¿Y si hoy no quiere o no puede estar particularmente hermosa, si hoy quiere exhibir su enmarañado cabello sin arreglar?
Yendo más lejos, podríamos también mencionar que a alguna gente le surgen cuestionamientos como: ¿y si no hay mamá/papá? ¿Y si tengo dos padres o dos madres? Pues cada familia es un mundo, y la familia no es un esquema fijo. A la familia la hace el entorno, no los roles dentro de ella.
No hace falta mencionar que estas fechas, en un principio, fueron inventadas (como muchas otras) con el objetivo de simplemente vender utilizando la excusa de la afectividad. El afecto se disfraza de regalo, el afecto se arma, se empaqueta, se vende, se compra y se entrega. El afecto hoy día es cosa sencilla.
Básicamente, a papá deben regalarle un LCD (herramienta asociada con ocio, distracción, diversión) porque su día cae en el mismo mes del mundial. A papá, clarísimo está, le gusta el mundial, le gusta el fútbol, y nuestro mejor regalo sería brindarle la oportunidad de verlo en pantalla grande.
A mamá en su día debían regalarle -como todos los años- una plancha, un horno (herramientas asociadas con el trabajo doméstico, que en algunos casos es esclavitud) o un secador de pelo (herramienta asociada con la idea de que lo más importante es lucir un exterior estéticamente aceptable). Si la economía así lo permite, podemos incluso recurrir a todas las alternativas mencionadas, para dejarle a mamá bien en claro que ella es la que limpia, cocina, lava y, además, debe estar siempre hermosa o al menos querer e intentar estarlo.
Eso es lo que nos sugiere el exceso de publicidad. Publicidad que se hace sin ningún control, sin ningún miramiento a las ideas que puede inculcar dentro de la sociedad. Publicidad que es fruto de ideas anticuadas muy difíciles de desarraigar. Publicidad que, como ve que la mayor parte de la población es la gente que no goza de la posibilidad de avanzar intelectualmente, se aprovecha de ella, le saca todo el jugo (todo el dinero) y le vende cualquier cosa. Mientras la mayoría pague, la mentalidad de la sociedad importa tres pepinos.
Algunos/as nos preguntamos: ¿y si a papá no le gusta el mundial? ¿Y si a papá gusta de o se ve obligado a realizar ciertas o todas las tareas domésticas? ¿Y qué tal si a mamá le gusta el mundial y lo quiere ver relajada y en pantalla grande? ¿Qué tal si mamá odia las tareas domésticas o si la naturaleza de sus actividades o su agenda no le permiten realizar ciertas tareas domésticas? ¿Y si hoy no quiere o no puede estar particularmente hermosa, si hoy quiere exhibir su enmarañado cabello sin arreglar?
Yendo más lejos, podríamos también mencionar que a alguna gente le surgen cuestionamientos como: ¿y si no hay mamá/papá? ¿Y si tengo dos padres o dos madres? Pues cada familia es un mundo, y la familia no es un esquema fijo. A la familia la hace el entorno, no los roles dentro de ella.
No hace falta mencionar que estas fechas, en un principio, fueron inventadas (como muchas otras) con el objetivo de simplemente vender utilizando la excusa de la afectividad. El afecto se disfraza de regalo, el afecto se arma, se empaqueta, se vende, se compra y se entrega. El afecto hoy día es cosa sencilla.
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